Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada, pero algunos de ellos decían: “Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios”.
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: “Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Hoy se conmemora al Beato Enrique Susso, místico alemán
El Beato P. Enrique Susso fue un místico, predicador, querido director espiritual y prodigio de santidad a lo largo de su vida. Además, se le conoce por ser discípulo de Eckhart de Hochheim, dominico alemán iniciador de una corriente y posterior escuela mística surgida a orillas del río Rin, en Renania (Alemania).
Según el Martirologio Romano, el beato fue un presbítero de la Orden de Predicadores (dominicos) que soportó pacientemente muchos contratiempos y enfermedades, compuso un tratado sobre la sabiduría eterna (El Pequeño Libro de la Eterna Sabiduría) y predicó a menudo sobre el Nombre de Jesús.
Nació en Suabia (Alemania) en 1296. A los 13 fue admitido como religioso en el convento de los Padres Dominicos en Constanza y tres años más tarde decidió consagrarse a una vida de estudio, oración y austeridad.
De 1324 a 1327 fue enviado a estudiar filosofía y teología en el Studium generale dominico de Colonia (Alemania), lugar donde conocería a su futuro maestro Eckhart de Hochheim. Este último sería condenado malintencionadamente tras considerarse heréticas algunas de sus tesis, sin embargo, fue rehabilitado por la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1992.
Tras la muerte de su maestro en 1328 –un año antes de su condena- escribió El Pequeño Libro de la Verdad con el que defendió las tesis de Eckhart “maltratadas a veces por personas, ignorantes aunque espirituales, que las han malinterpretado”, según relata en sus escritos.
Su segundo libro se llama Pequeño libro de la eterna Sabiduría y fue escrito hacia el 1330. En este, partiendo de la revelación de cien meditaciones durante la contemplación de un crucifijo, enseña a conformarse con la pasión de Cristo y la compasión de María a través de un diálogo entre la eterna Sabiduría y el servidor.
Ambas publicaciones -que se convirtieron en gran influencia en los Países Bajos, Francia, Italia e Inglaterra- generaron incomprensión dentro de la Orden de Predicadores y por ello fueron denunciadas. A Susso se le pidió rendir cuentas ante el Capítulo General, no obstante, después fue exculpado al ratificarse su ortodoxia.
Hacia 1335 -1337 cambió su estilo de vida ascética, de convento; y abandonó su carrera académica para realizar viajes de predicación y ser guía espiritual de mujeres, monjas y beguinas.
Sus últimos años los pasó en Ulm. Allí siguió su apostolado de dirección de almas y revisando sus escritos. Falleció el 25 de enero de 1366 y fue enterrado en el interior de la iglesia de los Predicadores.
Durante su vida tuvo muchas visiones y se le apareció la Santísima Virgen María a traerle mensajes celestiales. En una de sus visiones preguntó qué medios debería emplear para alcanzar más fácilmente la santidad y la salvación y le fue respondido: “Negarse a sí mismo; no apegarse a las criaturas; recibir todo lo que sucede, como venido de la mano de Dios, y ser infinitamente paciente y amable con todos, aún con los que son ásperos e injustos en su modo de tratarlo a uno”.
Fue declarado Beato de la Iglesia por el Papa Gregorio XVI en el año 1831. Entre sus muchos admiradores podemos encontrar nombres ilustres como Tomás de Kempis y San Pedro Canisio, que fue nombrado Doctor de la Iglesia por el Papa Pío XI.















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