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La diversidad es fundamental, porque es la base para alimentarse bien”

Marina Paez es de Colonia San José, departamento Colón y se dedica a la producción agroecológica en una granja diversificada junto a su familia. La fuerza de sus palabras invita a pensar los procesos de transición, la importancia de la diversidad y de concebir la alimentación en clave con la salud.

“Tenemos una granja diversificada y nuestro fuerte es el cerdo a campo, también hacemos pollo, tenemos la huerta y frutales”, explica la productora y aclara, “la agricultura familiar tiene que verse desde el concepto de la diversificación. La diversidad es fundamental porque es la base para alimentarse bien. Porque en principio uno produce para autoconsumo y el excedente lo vende pero luego uno ve que la comercialización es posible”.

En Marina resuenan muchas de las premisas y principios de la transición agroecológica. “Comenzamos en el año 1992 a trabajar en familia de modo convencional en horticultura. Lo hicimos durante cuatro años y no lo pudimos sostener. De ahí tomamos conocimiento de la producción orgánica y decidimos hacer producción biológica, en realidad. La reconstrucción de haber trabajado convencional a pasarme a lo orgánico me llevó dos años. Volver a tener todo el ciclo de qué es lo biológico, de tener los insectos, los benéficos que te ayudan en la parte sanitaria. Y la verdad nos apasionó y por eso seguimos esa línea y también porque nos preocupa la salud de la población, la salud familiar”.

Con respecto a la producción de hortalizas, Marina comprendió la necesidad de trabajar en favor de la naturaleza. “La transición me llevó a mirar los insectos por horas y cada uno tiene su predador. Tener una producción de fumigación te lleva a que en algún momento tengas serios problemas y no podes seguir produciendo… Es insostenible, por eso apuntamos siempre a la diversidad”.

En la actualidad, al trabajo familiar se sumó el productor, José Luís Oroñoz. Los productores reutilizan los recursos. “De los pollos sacamos el abono, que dejamos compostar y con eso trabajamos el suelo que es la base. Tener un buen suelo es tener una planta sana”, resaltan ambos.

La producción de cerdos es “el fuerte” de estos agricultores familiares. “Hemos mejorado la alimentación, no usamos antibióticos, sólo en casos específicos y tampoco promotores de crecimiento. Aún no pudimos salir del circuito de lo que son los granos convencionales. Estamos haciendo números y lo tenemos planteado a futuro”.

La organización y el Turismo Rural como estrategias de desarrollo

Marina reconoce la importancia del trabajo en grupo. “Siempre estoy involucrada al movimiento campesino. Que me llevó a conocer la agricultura familiar y a trabajar en red”, comenta. Actualmente participa dentro de la feria Tierra de Palmares y en conjunto con la Red de Turismo Rural del Corredor del Uruguay. Además trabaja en vinculación con la Secretaría de Agricultura Familiar a través de la labor de la Ing. Agr. Natalia Almada.

Respecto al turismo rural, Marina deja en claro porque es imprescindible entenderlo como parte estratégica para un desarrollo rural sustentable. “Creo que todo este tipo de producción y la agricultura familiar hace a que volvamos a mirar un poco la importancia de cuidar los recursos naturales. Tenemos productores que han podido abrir las puertas al turista mostrando lo que hace, tiene tambo, hace queso y ha podido abrir un establecimiento. Muestran el campo, cómo produce, hacen un recorrido y todo eso va llevando a que uno vea los recursos naturales. Qué es lo que tenemos que cuidar porque es la base del sistema productivo”, explica la productora.

En ese sentido, también tiene en cuenta las complejidades que presenta implementar el turismo y cómo en los inicios fue difícil comprender su importancia. “A partir del turismo uno tiene contacto con el consumidor. Vengo de una zona difícil para la agricultura familiar porque es una zona industrial, básicamente avicultura. Está todo monopolizado y a los productores se nos dificulta diversificar, pero vimos esta veta del Turismo Rural como una posibilidad. Hace muchos años cuando empecé a tomar los primeros cursos, me decían que el turista no va a ir al campo y hoy se está dando eso. El turista quiere ir al campo. Quiere ver cómo se produce, quiere tener contacto con el productor, que le comentes cómo producís. Y eso hace que el turista tome conciencia de consumir más saludable”, subraya poniendo énfasis en la multiplicidad de elementos que pone en juego el turismo rural. No sólo como estrategia de diversificación sino como motor para revalorizar la cultura local y difundir el derecho a la soberanía alimentaria. Ya sea mostrando los procesos productivos por los cuales se producen los alimentos, o invitando a vivenciar otra relación con la naturaleza.

Otra de las instancias a tener en cuenta es la comercialización de los agricultores familiares. En ese sentido, Marina con su familia están trabajando para ampliar sus propuestas. “Hace diez años repartíamos nuestra producción a domicilio. El contacto con el consumidor hace que uno pueda explicarle cómo produce y hoy ya van a nuestro predio a comprar. El próximo paso será poner una boca de expendio en nuestro predio, mas allá de que nuestro producto es complejo como es la carne y es difícil porque cuesta enmarcarlo en la ley”, comenta.

En cuanto a los aspectos formales y a la importancia de la seguridad alimentaria, Marina expone una opinión interesante: “La educación del productor es fundamental para que tome conocimiento y conciencia de la manipulación de alimentos. Nosotros hacemos ciclo completo, y por ejemplo no teníamos veterinario en la zona, entonces no me quedó otra que meterme en internet y aprender. Luego de andar y de andar llegamos a tener un veterinario que nos asesore. La prohibición no hace a que no se haga, yo vengo de una zona turística que el turista busca el queso casero y el chacinado. La inocuidad del alimento no pasa sólo por si lo hace el más grande o más chico, el conocimiento es lo central.Hay que dar toda una vuelta, sé que será complejo y difícil pero hay que seguir. La toma de conciencia de la población es fundamental, sobretodo en el consumidor. Porque por ahí evalúa el consumo desde el bolsillo y no de la salud, cuando en realidad tendría que analizar que cuando se enferma tiene que salir a curar, comiendo sano uno previene. Somos lo que comemos”.

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