Destacada • Opinión • Uncategorized

Las Elecciones

por Pedro Aguer especial para Mundo Rural

Qué tema. Cómo podemos asumir que lo que pasó en Tucumán es normal.

Las elecciones deberían ser motivo de celebración, de poner a marchar una nueva etapa de un mismo proceso.

Los hechos que suceden fuera de la corriente cotidiana no tienen por qué terminar en violencia. La violencia debe ser ya un triste recuerdo y nada más.

Los acontecimientos violentos se desencadenan y se vuelven incontrolables. Pero sobre todo son testimonio de ineptitudes gubernamentales.
Las elecciones deberían disfrutarse no sufrirse.

Estamos, creo yo, mostrando un aspecto muy feo de nuestro ser.

La economía prevalece. La mano invisible del mercado se pone cada vez más insensible.

Por querer tener nos olvidamos de cuánto nos falta para mejorar las relaciones entre nosotros y con los demás pueblos del mundo.

La economía de por sí es lo material, la escasez, lo necesario para satisfacer las demandas biológicas.

El Estado tendría que ser motivador de la armonía, no un botín.

Convivir, no atacarnos.

Rescatemos la humildad de los grandes, esa arista que trasciende lo individual proyectando lo espiritual en las alas inmaculadas de la sabiduría.

La pobreza no debe hacernos enojar sino avergonzar.

No importa cuánta sea. La pobreza siempre hace mucho daño, aunque las estadísticas las exhiban con números del primer dígito.

Las elecciones nos proponen recambio.

Evidentemente lo ideal podrían ser períodos de seis años en el gobierno. Era de seis años y nos pareció que era mucho entonces lo rebajamos a cuatro, pero resultan escasos y todos quieren quedarse cuatro más, aunque los hay también que pretenden eternizarse; entonces quiere decir que lo adecuado serían ocho… Podríamos divagar en este análisis todo el tiempo, sin encontrar una solución definitiva, porque todo depende con la responsabilidad con que se asume la función pública y de hacer una lectura de lo que pasa con las economías regionales, con la educación, con la salud pública, con la seguridad.

Las elecciones son una posibilidad para dejar un período más a los que hacen bien las cosas y sustituir a los que no las hacen bien, por nuevos actores que deberán corregir los errores y llegar nuevos con fuerzas e inquietudes que sirvan para energizar las posibilidades de la comunidad. Lo que es necesario para movilizar con vistas al progreso en desarrollo sustentable.

Los cargos públicos deben ser ocupados por quienes son capaces de rectificarse si se han equivocado, porque nadie es perfecto, pero fundamentalmente por quienes son idóneos, tal como lo establece la Constitución.

Las elecciones son el tribunal máximo de la democracia, pues es el momento en que el pueblo se expresa en plenitud. No nos hace nada bien enturbiarlo con mezquindades personales. Propias, por cierto, de autoritarismos que no caben más en la convivencia democrática y republicana, si es verdad que eso es lo que deseamos realizar políticamente.

Repetir experiencias contrarias a este objetivo nos pone en una situación de muy bajo nivel como sociedad y en muy indignante estado en lo personal.

Hay que cuidar lo que tenemos, lo que se ha logrado para el bienestar general, no se debe destruir lo que tanto esfuerzo cuesta conseguir.

El pueblo merece que se lo tenga en cuenta siempre porque de él provienen los ciudadanos y los gobernantes que jamás deben olvidar que también lo son.

El pueblo en su esencialidad es quien posee el poder y cuando lo delega los que sean elegidos para representarlo no tienen otra obligación que honrar semejante distinción.

Cada acto represivo es una muestra inapelable de un retroceso que como tal es injustificable.

Los gobernantes cuando actúan mal deben ser reemplazados. Para eso son las elecciones, tratándose de los que son votados, y separados de sus cargos los que son designados y no han cumplido con su deber. No es otra la responsabilidad política. Que es el compromiso que se adquiere luchando.

Hemos escuchado muchas veces que de imprescindibles están llenos los cementerios. Pero creo especialmente en estos momentos, que es oportuno recordar lo que nos advirtió Bertolt Brecht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”. Sin lugar a dudas son de esta raza los que honran a su pueblo.

por Pedro Aguer

Foto : La Gaceta de Tucumán

WhatsApp chat