En el norte entrerriano, según el Ing. Agr. Walter Silva Muller, se están realizando podas tanto en plantaciones jóvenes como en árboles adultos. Además, algunos establecimientos comenzaron con la aplicación de enmiendas orgánicas y calcáreos, mientras esperan el reinicio de la actividad fisiológica de las plantas para avanzar con fertilizaciones.
Más al centro-sur de la provincia, el Ing. Agr. Mariano Marcó indicó que los productores también están abocados a las podas y al alistamiento de suelos para nuevos proyectos. Sin embargo, advirtió que el exceso de humedad en el perfil podría afectar la acumulación de reservas en raíces y, con ello, la floración del próximo ciclo. Las temperaturas mínimas y máximas comienzan a elevarse, lo que podría frenar la acumulación de horas frío, otro factor determinante para una buena brotación y floración.
Por su parte, en el sudoeste entrerriano, la Ing. Agr. Carolina Holzheier destacó que las condiciones climáticas permitieron una adecuada acumulación de horas frío durante julio. Las lluvias recientes sumaron 60 mm y mejoraron notablemente los niveles de humedad en suelo respecto al año anterior. En esta zona también se están desarrollando tareas de poda y preparación de lotes para nuevas plantaciones. Algunos productores ya comenzaron con la incorporación de abonos orgánicos como cama de pollo, con beneficios en la fertilidad del suelo. Además, se están armando planes fitosanitarios y de fertilización, mientras los productores se abastecen de insumos clave para la nueva temporada.
Entre Ríos muestra una actividad intensa y estratégica en torno al cultivo de pecán. A pesar de los desafíos climáticos y económicos, la provincia se posiciona como una de las zonas más activas en esta etapa del ciclo, apostando por un manejo agronómico eficiente y proyectando nuevos desarrollos para 2025.
Panorama nacional y desafíos
Ya terminada la temporada 2024/25 y, de acuerdo a los reportes de las distintas zonas productivas del país, el volumen total cosechado este año no será mucho mayor al del ciclo anterior.
Los productores manifiestan una fuerte preocupación por el incremento de los costos, tanto en insumos como en servicios. A esto se suma que los precios no resultan del todo satisfactorios, aunque las condiciones comerciales han mejorado respecto al año pasado.
Este contexto impulsa a un replanteo de los sistemas productivos, orientado a una mayor eficiencia en el uso de recursos y a la reducción de insumos. Paralelamente, se vuelve indispensable trabajar en prácticas agronómicas que aumenten la productividad sin implicar necesariamente un incremento de los gastos.
También se ha verificado una mejora significativa en los métodos de cosecha y poscosecha, lo que permitió lograr una mejor calidad del producto final. Este aspecto es clave para posicionarse de manera competitiva en el mercado internacional, y constituye una de las principales estrategias a profundizar de cara al futuro.















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