por Pedro Aguer para Mundo Rural
Lo que no se puede lograr en solitario, se puede intentar colectivamente.
La sociedad tiene necesidades comunes a todos sus integrantes.
Educación, salud, alimentos, vivienda, previsión, seguridad, consumo, servicios.
Cuando vemos que nace un barrio sin planificación es seguro que no se ha pensado en común, sino que de manera desordenada se construyen viviendas en atención a urgencias y en concordancia con intereses creados.
Pero a medida que crece el barrio, crecen los problemas por carencias distribuidas en los ítems anotados.
Uno de los primeros inconvenientes se manifiesta a través del transporte y de las comunicaciones.
Todo queda lejos, y para cubrir lo básico el barrio no tiene los proveedores de la mayoría de los insumos.
De estas experiencias podemos deducir que si se hubiesen tomado las debidas precauciones y el proyecto contara con planificaciones coordinadas los problemas serían menores.
La forma cooperativa de asociación es apropiada para encarar la creación de un barrio desde la adquisición del terreno en adelante. De allí que los gremios de las distintas actividades podrían desde los correspondientes sindicatos abordar la cuestión. De hecho, ya hay quienes están abocados para tal fin.
Sin embargo nos encontramos en condiciones de proponer algunas recomendaciones.
Una vez encontrado el lugar y adquirido el terreno, conviene poner en el tapete las prioridades de los futuros habitantes, a partir de las necesidades detectadas.
Planificar en función de la topografía para aprovechar las caídas, las cuestas, y determinar la orientación de las casas con las protecciones climátticas.
Ver que las veredas garanticen el traslado de a pie, y que las calles sean asfaltadas, con las instalaciones cloacales y todo cuanto a servicios públicos corresponda.
Con sólo la vivienda no se urbaniza, sino con todo cuanto asegure una vida digna, higiénica, ecológicamente saneada y con una permanente concientización respecto de lo que significa cuidar esa vida.
Pero todo esto debe ser concensuado.
Entonces en forma simultánea se irán haciendo los trámites que sean conducentes a la creación de la escuela, del dispensario o centro de salud, que llegue la línea de transporte de pasajeros, el teléfono, la comisaría, y todo lo correspondiente a barrido y limpieza, etc..
Se debe planificar donde se instalarán los cultos, los espacios verdes, los paseos públicos, la biblioteca, los escenarios culturales, los campos deportivos, los diversos jardines infantiles, en fin, todo cuanto se desee.
De este modo se verá que cuanto hemos reseñado se puede organizar desde una cooperativa barrial y con la creación de cooperativas que se consideren necesarias, abarcando la producción, el trabajo, la industrialización, la comercialización y el consumo.
El cooperativismo se presta como herramienta socio-económica para la realización de las múltiples actividades que hacen a la vida integral de la nueva comunidad.
Para lo expuesto es menester que se constituyan las comisiones organizadoras que informe sobre la forma de operar de la empresa cooperativa y de sus contenidos doctrinarios, pudiéndose recurrir al IPCyMER, Instituto Provincial de Cooperativas y Mutuales de Entre Ríos.
Desde el arranque nomás se debe practicar la democracia, en absoluta igualdad y co una clara práctica de la equidad.
Es de esto de lo que tendrán que ocuparse los partidos políticos y los gobiernos provincial y municipales, en coordinación con el instituto para que la participación popular concurra a la proyección del progreso y a la consolidación de la vida republicana.
De esta manera se concretarán las tan mentadas políticas de estado, cuya mención recrudece en tiempos electorales y una vez sorteados estos todo queda una y otra vez en agua de borrajas.
Veremos en otra columna que una cooperativa es una república en pequeño.














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