por Pedro Aguer especial para Mundo Rural
Primero porque la práctica del cooperativismo ha solucionado problemas que de manera individual hubiese sido imposible. Esto viene sucediendo desde hace muchos años, podríamos decir siglos. Desde 1844 el cooperativismo en su etapa moderna, es decir, con principios debidamente establecidos por los Pioneros de Rochdale, se ha multiplicado y expandido en todo el mundo, sin discriminar el sistema político ni económico de los países.
Segundo porque hay toda una legislación que regula su obligatoriedad en las aulas de las escuelas primarias y secundarias, incluyendo la educación inicial.
Insistimos en este tema porque si bien ha habido experiencias interesantes en establecimientos en los que se implementó no ha sido de carácter general.
Es muy importante tener en cuenta que la enseñanza teórica y práctica de esta forma de la solidaridad se presta para estimular la participación de los educandos en la tarea de buscar soluciones a necesidades que se presentan en el proceso educativo, en lo económico, pero su organización implica una serie de actividades que van desde los valores morales hasta la formación cívica.
Cada vez se visualiza con mayor claridad lo que afirmamos.
La tendencia social hacia el individualismo, la competencia como propuesta en lugar de la posibilidad de compartir, encarar la solución de los problemas económicos mediante las reglas del libre mercado, de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda, que es lo que pasa en la cotidianeidad, abriendo aún más la brecha de las injusticias entre los que más y menos tienen, nos dan la razón en el propósito de unificar criterios en esta forma de movilizarnos en torno a la solidaridad.
En el quehacer cooperativo el debate es común y corriente, porque existe el ámbito asambleario, que es el espacio de la participación activa de los asociados. Allí se eligen las autoridades democráticamente del mismo modo que se avanza en las distintas maneras de solucionar los problemas de la empresa.
Nadie es más que nadie, en cuanto a la cuestión de carácter político, pero la distribución se plantea equitativamente. A cada cual lo que le corresponde de acuerdo al esfuerzo aportado.
Para que la cooperativa escolar progrese es imprescindible una constante capacitación de sus integrantes tanto en la faz administrativa como en su proyecto económico.
Participando, los educandos van adquiriendo una gimnasia en la práctica democrática, que los incentiva a reconocer en sus compañeros valores y cualidades conducentes a unificar las potencialidades de una convivencia en armonía, para aprender más, producir más y mejor, convertir el esfuerzo individual en ayuda mutua.
Participando en la solución de problemas comunes se construye una relación de amistad, y se potencia esta actitud hacia el futuro cuando el comportamiento social así lo requiera.
Practicando la democracia y la república simultáneamente con el aprendizaje en los terrenos del conocimiento de las ciencias y la técnica, es como se forja una instrucción que promueve una cultura humanística con naturalidad.
Como el gobierno de una cooperativa está basado en la división de poderes, Consejo de Administración, Asamblea de asociados y Sindicatura, lo cual está normado por una legislación específica y los estatutos sociales, en el desenvolvimiento de una cooperativa se vive el espíritu republicano, lo que servirá para el futuro en lo que respecta a la conducta cívica.
Estos fundamentos son los que han inspirado a nuestros legisladores y deberían en consecuencia ser motivación permanente de las autoridades educacionales, las que cuentan con profesionales formados específicamente como auxiliares para tal fin.
No hay nada que justifique seguir postergando esta cuestión.














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