Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: “El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: ‘Está aquí’ o ‘Está allí’. Porque el Reino de Dios está entre ustedes”.
Jesús dijo después a sus discípulos: “Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.
Les dirán: ‘Está aquí’ o ‘Está allí’, pero no corran a buscarlo.
Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día.
Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación.”
Amén y ¡ adelante !
Hoy celebramos a Santa Margarita de Escocia, reina y madre de familia
Santa Margarita de Escocia nació en Hungría por el 1046, cuando su familia se encontraba exiliada por la invasión danesa de Inglaterra y por ello creció en la corte del rey San Esteban.
A los 11 años, San Eduardo “el confesor”, hermanastro de su padre, se hizo del trono inglés. La familia pudo retornar al país, pero debido al conflicto entre ingleses y daneses y como su papá murió por muerte natural, entonces tuvieron que vivir en Escocia.
A los 24 años se casó con el entonces rey de Escocia, Malcom III, con quien tuvo ocho hijos. La reina era sabia y con cierta cultura por lo que transformó la corte del esposo con el ejemplo en la caridad.
Todos los días la Santa daba de comer a los pobres y a algunos de ellos les lavaba los pies. Se preocupó por la educación de su pueblo y muchas veces agotó el tesoro real para socorrer a los necesitados.
Educó a sus hijos con los valores cristianos e influyó en la Iglesia de Escocia. Hizo convocar a un concilio en ese territorio que extirpó ciertos ritos paganos que se realizaban en plena celebración Eucarística.
Santa Margarita tuvo una intensa vida de oración, participaba de varias Misas diarias y practicaba la austeridad. Pedía que le dijeran sus defectos para corregirlos, repartía limosnas, rescataba a los prisioneros ingleses detenidos en Escocia, cuidaba a los viajeros y construía monasterios, iglesias y albergues.
En 1093 su esposo Malcom III con sus hijos Eduardo y Edgardo se fueron a la batalla para recuperar un castillo y fallecieron el monarca con su primogénito. La Santa durante ese tiempo enfermó y al regreso de su hijo Edgardo, Margarita agradeció a Dios por la paciencia para soportar tantas desgracias juntas.
Le ofreció todo su dolor a Dios y partió a la Casa del Padre el 16 de noviembre de 1093. Se dice que al fallecer, su rostro recuperó la calma, el color y la belleza que había tenido.














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