Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.
A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.
De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.
Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.
El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. ‘Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado’.
‘Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor’.
Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: ‘Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado’.
‘Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor’.
Llegó luego el que había recibido un solo talento. ‘Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.
Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!’.
Pero el señor le respondió: ‘Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.
Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes’.
Amén y ¡ adelante ! ( oramos por el Padre Alfredo , esperamos que pronto vuelva a acompañarnos con audios )
Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de la Divina Providencia, patrona de Puerto Rico
Nuestra Señora de la Divina Providencia es una advocación mariana que se originó en Italia en el siglo XIII y que luego fue declarada patrona de la isla de Puerto Rico el 19 de noviembre de 1969 por el Papa Pablo VI.
En ese documento se decretó también que la solemnidad de la Virgen debía trasladarse del 2 de enero, aniversario de su llegada a la isla, al 19 de noviembre, día en que fue descubierta la isla de Borinquen (en el segundo viaje de Colón a América).
Se quiso unir así los dos grandes afectos de los puertorriqueños; el amor por su preciosa isla y el amor por la Madre de Dios.
En la mitad del siglo XIX el recién nombrado Obispo de Puerto Rico, Mons. Gil Esteve y Tomás, trajo consigo a la isla esta devoción que conoció en sus años de seminarista.
El prelado colocó toda su diócesis en las manos de la Divina Providencia debido a que la catedral estaba prácticamente en ruinas y la economía por los suelos.
La confianza del obispo y su trabajo dieron fruto rápidamente y en menos de cinco años pudo reconstruir la catedral. En poco tiempo logró conseguir recursos, y con la ayuda de los fieles, mandó a traer de Barcelona (España) la imagen sagrada de la Virgen que había mandado a tallar.
Hoy la imagen de Nuestra Señora de la Divina Providencia se encuentra en una capilla en la Catedral Metropolitana de San Juan en la capital puertorriqueña. Esta muestra a la Virgen inclinada sobre el niño dormido en su regazo, con sus manos unidas en oración mientras sostiene la mano izquierda del niño.
Desde su proclamación como “Patrona principal de la Nación puertorriqueña”, la devoción a la Virgen de la Divina Providencia ha aumentado grandemente.














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