Dios en la Tierra

Evangelio del día

Solemnidad Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América y Filipinas. El santoral recuerda a San Corentino de Quimper. Evangelio según San Lucas 1,39-48.

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.

Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,  exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?

Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.

Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

María dijo entonces: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.

En adelante todas las generaciones me llamarán feliz”.

Amén y ¡ adelante !

La Iglesia celebra hoy la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América y Filipinas

Un sábado 9 de diciembre, el indio Juan Diego, recién convertido a la fe católica, se dirigió al templo para oír Misa. Al pie de un cerro pequeño llamado Tepeyac vio una nube blanca y resplandeciente y oyó que lo llamaban por su nombre. Vio a una hermosa Señora quien le dijo ser “la siempre Virgen María Madre de Dios” y le pidió que fuera donde el Obispo para pedirle que en aquel lugar se le construyera un templo. Juan Diego se dirigió a la casa del obispo Fray Juan de Zumárraga y le contó todo lo que había sucedido. El obispo oyó con admiración el relato del indio y le hizo muchas preguntas, pero al final no le creyó.

De regresó a su pueblo Juan Diego se encontró de nuevo con la Virgen María y le explicó lo ocurrido. La Virgen le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el obispo, luego de oír a Juan Diego le dijo que debía ir y decirle a la Señora que le diese alguna señal que probara que era la Madre de Dios y que era su voluntad que se le construyera un templo. De regreso, Juan Diego halló a María y le narró los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal. Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo. La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro y le preguntó a dónde iba. El indio avergonzado le explicó lo que ocurría. La Virgen dijo a Juan Diego que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano.

Entonces el indio le pidió la señal que debía llevar al obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo.

Una vez ante Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó su manta, cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio. Pio X la proclamó como “Patrona de toda la América Latina”, Pio XI de todas las “Américas”, Pio XII la llamó “Emperatriz de las Américas” y Juan XXIII “La Misionera Celeste del Nuevo Mundo” y “la Madre de las Américas”.

4 hechos realmente asombrosos sobre la Virgen de Guadalupe

El 12 de diciembre de cada año la Iglesia Católica celebra la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. En ese día en 1531, la Virgen María se apareció a un indígena de 57 años llamado Juan Diego.

Juan Diego fue proclamado Santo por San Juan Pablo II en 2002.

En uno de sus encuentros, la Virgen María le encargó a San Juan Diego que recogiera en su tilma –una tela muy sencilla– rosas de Castilla que habían florecido a pesar del invierno para que se las presentara al Arzobispo de México, Mons. Juan de Zumárraga, como prueba de las apariciones.

Cuando Juan Diego desplegó la tilma con las rosas ante el Prelado, sobre ella estaba impresa la imagen de Nuestra Señora Guadalupe. En los siguientes siete años, más de 9 millones de aztecas se convirtieron al cristianismo.

A continuación cuatro hechos realmente asombrosos sobre la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe:

1. Tiene cualidades que son imposibles de replicar humanamente

Hecha principalmente de fibras de cactus, una tilma era típicamente de muy baja calidad y tenía una superficie áspera, haciéndola muy difícil de usar, mucho menos pintar sobre ella una imagen que perdurase. Sin embargo, la imagen aún se conserva intacta y los científicos que la han estudiado insisten en que no se usó ninguna técnica previa para adecuar la superficie.

La superficie es muy suave, como la seda. La parte en donde no está la imagen sigue siendo áspera y tosca.

Más todavía. Los expertos en fotografía infrarroja que estudiaron la tilma a fines de la década de 1970 determinaron que no había trazos de pincel, dando como resultado una imagen que fue plasmada toda al mismo tiempo.

Esto, junto con una calidad iridiscente de cambiar ligeramente de colores dependiendo del ángulo en el que una persona la mira, y el hecho de que se determinó que la coloración de la imagen no tiene elementos animales o minerales (los colorantes sintéticos no existían en 1531), generan muchas más preguntas aparentemente incontestables. Eso es asombroso.

2. La gente dice que solo es una pintura pero la ciencia ha demostrado lo contrario

Una de las primeras cosas que dicen los escépticos sobre la imagen es que de alguna forma tiene que ser una falsificación o un fraude, pero todas las veces que se hizo un intento de replicar la imagen, la original nunca parece decolorarse, mientras sus duplicados se han deteriorado en corto tiempo.

Miguel Cabrera, artista del siglo 18 que produjo tres de las copias mejor conocidas (una para el arzobispo, una para el Papa y una para él para futuras réplicas) una vez escribió sobre la dificultad de recrear la imagen incluso sobre las mejores superficies. Eso es asombroso.

3. La tilma ha mostrado características sorprendentemente parecidas a las de un cuerpo humano

En 1979, cuando el dr. Phillip Callahan, un biofísico de la Universidad de Florida (Estados Unidos), estaba analizando la tilma usando tecnología infrarroja, descubrió que el tejido mantiene una temperatura constante de entre 36.6 y 37 grados celsius, la temperatura regular de una persona viva.

Cuando el Dr. Carlos Fernández de Castillo, médico mexicano, examinó la tilma, encontró una flor de cuatro pétalos sobre el vientre de María. Los aztecas llamaban a la flor “Nahui Ollin” y era el símbolo del sol y de la plenitud.

Después de más exámenes, el Dr. Fernández de Castillo concluyó que las dimensiones del cuerpo de Nuestra Señora en la imagen eran los de una madre por dar a luz pronto. El 12 de diciembre está muy cerca de Navidad.

Finalmente, una de las atribuciones más comunes y descubrimientos reportados es el de los ojos de la Virgen en la imagen.

El Dr. José Alte Tonsmann, un oftalmólogo peruano, estudió los ojos de la imagen de la Virgen con una magnificación de 2.500 veces y fue capaz de identificar hasta 13 individuos en ambos ojos en diferentes proporciones, así como el ojo humano reflejaría una imagen.

Parecía ser una captura del momento exacto en el que Juan Diego desplegó la tilma ante el Arzobispo Zumárraga. Eso es sorprendente.

4. Parece ser prácticamente indestructible

Dos eventos distintos han amenazado la tilma a través de los siglos. Uno de ellos ocurrió en 1785 y el otro en 1921.

En 1785 un trabajador estaba limpiando el recubrimiento de vidrio cuando accidentalmente derramó solvente de ácido nítrico sobre una gran porción de la imagen. La imagen y el resto de la tilma, que debió haberse corroído casi instantáneamente por el derrame, se auto-restauró con el paso de 30 días, y permanece intacta hasta el día de hoy, con solo unas pequeñas manchas en lugares en donde no está la imagen.

En 1921, un activista anticlerical escondió 29 varas de dinamita en un jarrón de rosas y lo puso ante la imagen dentro de la Basílica de Guadalupe.

Cuando la bomba explotó, casi todo, desde el piso y el reclinatorio de mármol voló. La destrucción alcanzó incluso a ventanas a 150 metros de distancia.

Sin embargo la imagen y el vidrio a su alrededor permanecieron intactos. El único daño que ocurrió cerca a la tilma fue en un pesado crucifijo de bronce, que terminó doblado hacia atrás.

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