Jesús dijo a sus discípulos: “Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada”.
Pedro preguntó entonces: “Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?”.
El Señor le dijo: “¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno?
¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo!
Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.
Pero si este servidor piensa: ‘Mi señor tardará en llegar’, y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse,su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.
El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo.
Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más.”
Amén y ¡ adelante !
Hoy es la fiesta de San Antonio María Claret, fundador de los Misioneros Claretianos
“Oh Virgen y Madre de Dios… soy hijo y misionero vuestro, formado en la fragua de vuestra misericordia y amor”, solía decir San Antonio María Claret, cuya fiesta se celebra cada 24 de octubre.
San Antonio María Claret nació en Sallent, en Barcelona (España), en 1807. En su juventud fue obrero textil y es considerado el patrón de los tejedores. Desde pequeño se destacó por su amor a la Eucaristía y a la Virgen.
Un día, estando en la playa con unos amigos, se puso a refrescar los pies. Entonces vino una ola gigantesca que lo arrastró mar adentro. Al no saber nadar y cuando se empezaba a ahogar, gritó: “Virgen Santa, sálvame”. De pronto estaba en la orilla y con la ropa totalmente seca.
Más adelante ingresa al seminario y es ordenado sacerdote. Su deseo de ser misionero lo lleva a las Islas Canarias y luego a Cuba, donde fue Arzobispo de Santiago. Allí trabajó buscando sembrar el amor y la justicia contra la discriminación racial y la injusticia social. Esto le trajo algunos enemigos.
Fue herido por un sicario a sueldo que quiso cortarle el cuello con un cuchillo, pero sólo le cogió parte del rostro y el brazo derecho. Posteriormente retornaría a España, después de haberse ganado el cariño de los cubanos.
Era muy devoto de la Virgen y rezaba constantemente el Santo Rosario. “Rezadle el Santo Rosario todos los días con devoción y fervor y veréis como María Santísima será vuestra Madre, vuestra abogada, vuestra medianera, vuestra maestra, vuestro todo después de Jesús”, decía.
En su vida fundó la Comunidad de Misioneros del Corazón de María, hoy llamados Misioneros Claretianos, y a las Misioneras Claretianas.














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