Dios en la Tierra

Hoy el santoral recuerda a Santa Martina

30 de enero de 2022. Domingo IV del Tiempo Ordinario. Reflexión del Padre Alfredo Nicola.

Libro de Jeremías
1, 4 – 5. 17 – 19.

La palabra del Señor llegó a mí en estos términos:
“Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía ; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones”.
En cuanto a ti, cíñete la cintura, levántate y diles todo lo que yo te ordene. No te dejes intimidar por ellos, no sea que te intimide yo delante de ellos.
Mira que hoy hago de ti una plaza fuerte, una columna de hierro, una muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes de Judá y a sus jefes, a sus sacerdotes y al pueblo del país.
Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán , porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-“.

Salmo 71 (70)

Yo me refugio en Ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame.

Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío!

Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector.

Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.

Carta I de San Pablo a los Corintios
12, 31. 13, 1 – 13.

Hermanos:
Aspiren a los dones más perfectos . Y ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía.
Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.
Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.
Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.
Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.
Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.
En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.

Evangelio según San Lucas
4, 21 – 30.

Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: “¿No es este el hijo de José?”.
Pero él les respondió: “Sin duda ustedes me citarán el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún”.
Después agregó: “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio”.
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

Propósitos

Ser profeta de Dios es el desafío. Prestarle nuestra voz, nuestras palabras, a Dios mismo. ¡Qué Él las use! ¿Quién espera de mí una palabra? Renunciemos a toda mudez y multipliquemos momentos y gestos proféticos…
¡Amén y adelante! ¡Buen fin de semana!

P. Alfredo Nicola
(Argentina)

Hoy es la fiesta de Santa Martina, virgen y mártir

De acuerdo a la tradición, Santa Martina fue una mujer romana, perteneciente a la nobleza, que se convirtió en mártir en tiempos del emperador Alejandro Severo, en la primera mitad del siglo III.

La devoción a Santa Martina ganó fuerza a partir del descubrimiento de su sepultura y la recuperación de sus reliquias. Esto sucedió muchos siglos después de su muerte, en 1624, durante las excavaciones de la vieja iglesia romana que le fue dedicada a la Santa por el Papa Honorio I en el siglo VII.

En el momento de los hallazgos, el Papa Urbano VIII, muy preocupado por la renovación espiritual de la iglesia, trasladó sus restos a otro templo, colocando el cráneo en un relicario aparte, con el propósito de promover la devoción a la Santa. Fue este Papa quien fijó su celebración el 30 de enero.

Las fuentes históricas textuales más antiguas sobre Santa Martina datan del siglo VI -es decir, son muy posteriores a su muerte- por lo que algunos hagiógrafos han puesto en duda su existencia. Dicho escepticismo cobra fuerza si se considera que, en general, la carencia de fuentes cronológicamente cercanas abre paso a la divulgación de inexactitudes o leyendas. Sin embargo, a pesar de esas dificultades, la fuerza con la que la tradición de la Iglesia ha conservado el nombre y la devoción a Santa Martina a lo largo de su historia ha permitido que se le conserve siempre en el índice de los santos.

El relato más seguro sobre ella nos señala lo siguiente: Martina quedó huérfana de padre -un hombre rico y noble- y heredó sus bienes. Ella los habría repartido entre los pobres a la usanza de muchos conversos de ese tiempo y se habría dedicado a la oración y la caridad. Debido a esto habría sido apresada por orden de Alejandro Severo; luego llevada al templo de Apolo, donde habría tenido que elegir entre Apolo, renegando de Cristo, y su fe cristiana. Martina eligió al Señor Jesús y por ello fue sometida a los tormentos habituales de los romanos: golpes, azotes, aceite hirviendo en las heridas, etc. Finalmente sería decapitada alrededor del año 235.

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