Dios en la Tierra

Hoy el santoral recuerda a la Beata Antonia de Florencia

28 Febrero. Lunes de la 8ª semana del Tiempo Ordinario. Evangelio de hoy.

Epístola I de San Pedro 1,3-9.

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva,
a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo.
Porque gracias a la fe, el poder de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final.
Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente:
así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo.
Porque ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria,
seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación.

Salmo 111(110),1-2.5-6.9.10c.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en la reunión y en la asamblea de los justos.
Grandes son las obras del Señor:
los que las aman desean comprenderlas.

Proveyó de alimento a sus fieles
y se acuerda eternamente de su alianza.
Manifestó a su pueblo el poder de sus obras,
dándole la herencia de las naciones.

Él envió la redención a su pueblo,
promulgó su alianza para siempre:
Su Nombre es santo y temible.
¡El Señor es digno de alabanza eternamente!

Evangelio según San Marcos 10,17-27.

Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?”.
Jesús le dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.
Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre”.
El hombre le respondió: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud”.
Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme”.
El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!”.
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: “Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!.
Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios”.
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?”.
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible”.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Hoy recordamos a la Beata Antonia de Florencia, la viuda que se hizo religiosa

Cada 28 de febrero recordamos a la Beata Antonia de Florencia, religiosa italiana del siglo XV. Una mujer que enviudó dos veces y que Dios llamó finalmente a ser religiosa, convirtiéndose en protagonista de una reforma al interior de su familia espiritual.

Esposa y madre

Se sabe poco de la infancia de Antonia, salvo que nació en Florencia en 1401; pero por contraste, se sabe más sobre su vida adulta: según la costumbre, contrajo matrimonio a los 15 años y llegó a tener un hijo, lamentablemente enviudó muy pronto. La misma suerte corrió con su segundo esposo, quien también falleció. Esta segunda pérdida produjo un vuelco radical en su interior, probablemente más duro que el primero, de manera que Antonia se aferró a Dios, quizás, como nunca antes.

Aquel segundo golpe la llevaría a considerar seriamente si el Señor tenía un plan distinto para ella, lejos del matrimonio o de la vida mundana. Fue así que, cuando su hijo pudo valerse por sí mismo, decidió hacerse religiosa. Antonia se convertiría más tarde en una de las primeras mujeres que se consagraron en el convento de las Hermanas Terciarias Regulares de San Francisco de Asís, en Florencia; pese a la oposición de su familia que pretendía casarla de nuevo.

Madre espiritual

En 1430, un año después de entrar al claustro, fue nombrada superiora del convento de Santa Ana en Foligno y, después de tres años allí, se le envió al convento de Santa Isabel en Aquila. Allí tuvo como director espiritual a San Juan de Capistrano, quien, junto con San Bernardino de Siena, promovía por aquel tiempo la llamada “Observancia”; es decir, la reforma de la Orden de San Francisco de Asís.

Por su cuenta, Antonia ya había descubierto la necesidad y urgencia de una regla más estricta en torno a la pobreza y la caridad. Por eso, San Juan Capistrano la sumó a su proyecto y, con la aprobación del Papa Nicolás V, le cedió el monasterio de Corpus Christi, construido recientemente para otra orden.

En ese monasterio la Beata se retiró junto a once de sus religiosas en 1447, con el propósito de practicar la regla original de Santa Clara de Asís en todo su rigor. San Juan de Capistrano le encomendó la dirección del monasterio y le pidió explícitamente que fuera modelo del nuevo espíritu “observante”.

Legado

La Beata Antonia fue una superiora modélica, reformadora de las costumbres, ejemplo de virtudes y obediencia. Sus últimos 15 años de vida tuvo que soportar una dolorosa enfermedad, además de otras pruebas espirituales.

Falleció a los 71 años, el 28 de febrero de 1472. La ciudad de Aquila la veneró como santa desde su muerte y su culto fue confirmado en 1847.

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