por Herminio Ludi
Hace ya bastante tiempo que no se oye hablar de esta fea y desagradable enfermedad. Seguramente que su aparente desaparición, se debe a los profundos estudios científicos, juntamente a los esfuerzos de los médicos y, redundando, a los medicamentos que todos esos profesionales del arte de curar, nos han estado proveyendo de larga data. La viruela era (o es) una peste contagiosa que, además del tratamiento que demanda, deja en el rostro de quienes la padecen, huellas indelebles donde estuvieron los granos respectivos. Pues allí, perduran, luego, pequeñas cicatrices que no se borran con tanta facilidad. Aclaramos que no estamos respaldados por los conocimientos respectivos, para hablar de este delicado tema. Pero ,como la finalidad es comparar la contagiosa viruela con otros tipos de contagios que ocurren permanentemente, nos ha parecido oportuno tratar este tema, para fustigar a los que dan malos ejemplos, ya sea desde el llano, o, lo que es peor, desde las esferas públicas, sitio desde donde parten todos los paradigmas que recibe el pueblo y que desgraciadamente, muy a menudo este (el pueblo) copia porque cree que todas las costumbres impartidas desde arriba, deben ser asimiladas.
La viruela era (o es) una enfermedad contagiosa lo mismo que otras enfermedades. Todas, o casi todas esas pestes son curables. Sin embargo la otra enfermedad; esa que es transmitida por los malos ejemplos que nos dan los funcionarios públicos- no todos por cierto- esa enfermedad, repetimos, no tiene cura, ni siquiera hay medicamentos que la alivie. La cárcel, el pago de una multa, nada sirve para curar a esos enfermos que tanto pululan en estos tiempos. ¿Qué es lo que hay que hacer, entonces, ante estos hechos aberrantes? Hay que erradicarlos, es decir ¿hay que sacarlos del poder que están ejerciendo, y poner en su lugar, a personas honestas que las hay gracias a Dios en muchas partes. Con esas personas en el poder, lograremos por fin, terminar con el latrocinio, lograremos la tan declamada distribución de la riqueza. Ya que lo robado por los corruptos, alcanzaría para instalar fuentes genuinas de trabajo en todos los rincones del país. Tenemos que desterrar esa creencia estúpida de que: “no me importa que roben, basta que hagan obras”. Esto es admitir que el ladrón es un señor respetable, y que los honestos son unos necios que no sirven para nada.
El ratero es ratero, seguirá ratereando y morirá ratero. No hay castigo que lo frene; sólo el ponerlo en la mira para castigarlo, no con el látigo, sino con la exposición pública donde todo el mundo lo vea, lo conozca y trate (ese mundo) de “no volver a rodar con la misma piedra”. En el mundo entero se encuentran esos bichos raros, razón que nos hace decir, por ejemplo lo que recordábamos días atrás al leer párrafos de mi poema, titulado: “NIÑO EN TU AÑO” (1979) “Hemos llegado a la luna, pero a ti no llega abundante pan. Lo de 1979, lo decimos porque ese año fue declarado “EL AÑO INTERNACIONAL DEL NIÑO”. Tal vez alguien nos estará espetando que los que hollaron la luna, o sea los que la pisaron, no fuimos nosotros los argentinos. Pero si es verdad que desde aquellos países que lograron esa tremenda proeza, han recalado aquí, miles y miles de personas en busca de “pan, paz y trabajo”, como reza una canción. Aquí vinieron nuestros abuelos, y aquí procuraron hacer “la AMÉRICA”, cosa que, por lo menos en la Argentina, se ha logrado a medias porque la revolución de 1810 está inconclusa.
Muerto Moreno (no el aplaudidor de la presidenta), sino Mariano, el numen de aquella patriada de 1810, los que quedaron con vida no cumplieron con las bases fundamentales del movimiento emancipador y epopéyico, que luego de 1816, en Tucumán, quisieron reivindicar, y que tampoco nos diera, totalmente, lo que se buscaba: La independencia que rompiera las ligaduras con intereses extraños.
La viruela, que título más sugestivo y tal vez desagradable el que hemos elegido para hoy. Lo hicimos así, porque siempre estábamos “BUSCANDO EL ALBA”, según el título de uno de mis libros del género aforismo. Queríamos hacer comparaciones con lo que suele ocurrirnos con las malas costumbres que muchas veces se nos pegan porque lo vemos repetirse muy a menudo; no sabemos si lo hemos logrado. Tampoco estamos seguros de que produzcan los efectos que buscamos. De lo que sí estamos convencidos es de que no hay que bajar la guardia, ya que con la guardia en alto, por lo menos, damos muestras de que seguimos rechazando la contaminación, o el contagio de aquellas enfermedades que desgastan y matan a las personas, porque son tan graves o mas graves que “LA VIRUELA” y que otros males que al final resultan curables.
VIALE, 12/09/ 2013, HERMINIO ENRIQUE LUDI ,especial para “MUNDO RURAL”















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