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Dios en la Tierra | Domingo XVII del Tiempo Ordinario: El arte de saber elegir

Así como en cada campaña agrícola debemos tomar decisiones estratégicas —evaluando rendimientos, analizando el clima y eligiendo la mejor semilla para que la siembra dé su fruto—, en la vida cotidiana y espiritual también se nos presenta el desafío de saber discernir.

En este XVII Domingo del Tiempo Ordinario, las lecturas litúrgicas nos invitan a reflexionar sobre la verdadera sabiduría: no aquella que busca acumular riqueza o éxito temporal, sino la que nos ayuda a identificar el valor de lo que edifica el alma y construir una vida recta al servicio de la comunidad.

Escuchá la reflexión dominical del Padre Alfredo:

Audio: Reflexión del Padre Alfredo para el 26 de julio de 2026.

Liturgia de la Palabra

Primera Lectura | Primer Libro de los Reyes (3, 5. 7-12)

El Señor se apareció a Salomón en un sueño, durante la noche. Y le dijo: “Pídeme lo que quieras”.

“Señor, Dios mío, has hecho reinar a tu servidor en lugar de mi padre David, a mí, que soy apenas un mucho y no sé valerme por mí mismo. Tu servidor está en medio de tu pueblo, el que tú has elegido, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?”.

Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este pedido, y Dios le dijo: “Porque tú has pedido esto, y no has pedido para ti una larga vida, ni riqueza, ni la vida de tus enemigos, sino que has pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, yo voy a obrabar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente, de manera que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de ti”.

Salmo Responsorial | Salmo 119 (118)

R. ¡Cuánto amo tu ley, Señor!

  • El Señor es mi herencia: yo he decidido cumplir tus palabras. Para mí vale más la ley de tus labios que todo el oro y la plata. R.

  • Que tu misericordia me consuele, de acuerdo con la promesa que me hiciste. Que llegue hasta mí tu compasión, y viviré, porque tu ley es toda mi alegría. R.

  • Por eso amo tus mandamientos y los prefiero al oro más fino. Por eso me guío por tus preceptos y aborrezco todo camino engañoso. R.

  • Tus prescripciones son admirables: por eso las observo. La explicación de tu palabra ilumina y da inteligencia al ignorante. R.

Segunda Lectura | Carta de San Pablo a los Romanos (8, 28-30)

Hermanos: Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio. En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el Primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó.

Evangelio según San Mateo (13, 44-52)

Jesús dijo a la multitud:

“El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

¿Comprendieron todo esto?”. “Sí”, le respondieron. Entonces agregó: “Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo”.

Textos tomados de la versión “El Libro del Pueblo de Dios”

Reflexión y Propósitos del Padre Alfredo

Discernir es todo un ejercicio espiritual.

Saber elegir, involucrarse con lo que hace bien y es bueno, resulta todo un desafío diario. Algo hay que descartar y algo hay que asumir en el discernimiento.

Elegir sabiamente lo que nos conviene para la vida interior es el camino de santidad que tenemos que asumir y proponer a los demás. ¡A crecer!

¡Amén y adelante!

P. Alfredo (Argentina)

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