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Al pueblo no se lo puede engañar todo el tiempo

por Pedro Aguer 

La realidad termina una y otra vez por poner las cosas en su debido lugar.

Los ciudadanos de una república organizada democráticamente van construyendo la cultura de acuerdo a las circunstancias y su conciencia individual pasa a la categoría de colectiva. Como colectiva es la propiedad del Estado.

Cuando se pierde de vista este razonamiento elemental, los ciudadanos se dan cuenta y si antes se desenvolvían confiados, al saberse engañados, retiran la confianza y a otra cosa.

Es así la evolución natural de la sociedad.

Juega en esto un papel preponderante la educación, que no sólo pertenece al medio áulico sino que se compromete en un todo la participación de los distintos ámbitos culturales que devienen de la vida comunitaria.

La política es la responsable de ello.

Los políticos profesionales para estar en concordancia con la participación deben informarse de los problemas y de las necesidades que los generan.

Los partidos políticos pasan a cumplir el rol de verdaderas escuelas cívicas.

Lo hasta aquí expresado suena como muy lejano o como imposible de ser llevado a cabo.

Sin embargo, poco a poco tendremos que habituarnos a marchar sobre los carriles bien aceitados de una democracia en dinámica hacia un mundo mejor.

Son muchas las experiencias que nos muestran crudamente que estamos haciendo mal las cosas.

Al pueblo no se lo escucha y se lo trata de sorprender con novedades o con anuncios que nada tienen que ver con las necesidades sentidas de la población. Esto puede durar cierto tiempo pero no todo el tiempo.

Necesitamos resolver problemas urgentes que deberían ser para los políticos prioridades ineludibles.

La seguridad no puede seguir postergada. Es un asunto de gran importancia para la armonía de la vida colectiva en paz.

Si no somos capaces de restablecer la convivencia en tal sentido el caos nos desbordará apocalípticamente. Y la reparación estará cada vez más lejana.

El País no es sólo del oficialismo, ni porque se hayan ganado las elecciones los triunfadores tienen por qué ser los dueños de la situación.

Necesitamos empezar a vivir de manera democrática y republicana.

Ello implica dialogar, debatir, consultar, escuchar, analizar, corregir, prevenir… y controlar. De este modo el pueblo creerá en la política, los políticos no le resultarán seres especiales sino comunes, como cualquier vecino, sólo que está ocupándose de asuntos que conciernen a todos y así los trata en consecuencia, en actitud de servicio.

La participación no puede esperarse si desde la política se presenta todo resuelto, sin consulta alguna a los directamente afectados.

Movilización popular no es sólo concurrencia a los actos, es estar alerta ante los acontecimientos, ante lo que pasa adentro y fuera del territorio nacional.

Con votar no alcanza. Es imprescindible tomar cartas en lo que hace o deja de hacer el gobierno. Se puede y debe hacerse.

Los partidos políticos deben constituirse en vanguardia.

La sociedad responderá, como lo ha hecho siempre que se ha sentido convocada.

Los políticos por su parte, deben asociarse a este proyecto, contribuyendo con su experiencia, pero desprendidos de todo egoísmo y de toda soberbia.

Los ciudadanos que se dedican al trabajo político no son nada que no sea un vecino. En todo caso su propuesta diferencial radica en que su conducta debe ser decente, y ejemplar. Entonces el proceso constructivo nos devolverá la confianza que tanto necesitamos.

Pedro Aguer

 

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