Winograd explicó que la pitaya está despertando creciente interés productivo porque responde a cambios profundos en los hábitos de consumo. “Las frutas y hortalizas tienen ciclos: crecimiento, consolidación, decadencia y resurgimiento. Pasó con el higo y la granada. La pitaya combina atractivo visual, excelente sabor cuando se cosecha madura y una gran compatibilidad con las dietas modernas”, señaló.

Recordó además que, aunque es originaria de Sudamérica, fue llevada a Vietnam a comienzos del siglo XX con fines ornamentales y allí se transformó en un cultivo estratégico, con miles de hectáreas destinadas a la exportación a China. “Hoy vive un boom global. Argentina, siempre atenta a la diversificación, busca alternativas para sus zonas productivas”, afirmó.
¿Cultivo pasajero o con futuro?
Consultado sobre si se trata de una moda o de un proyecto de largo plazo, Winograd fue prudente: “El futuro definitivo nunca puede asegurarse. Pero si en Brasil y Ecuador hay unas 5.000 hectáreas, en China e India 25.000 y en Vietnam 60.000, pensar en una cuenca de 100, 200 o 300 hectáreas en Argentina no es desmesurado y es absolutamente compatible con nuestro mercado”.
En ese sentido, destacó que en el litoral existen fincas que quedaron ociosas tras el retroceso del arándano para exportación y que podrían reconvertirse a pitaya.
Concordia y el desafío subtropical
La pitaya es un fruto tropical que en su lugar de origen vegeta todo el año. En Concordia, Entre Ríos, en cambio, el clima es subtropical con invierno y presencia de heladas. “Hemos debido adaptar el cultivo. En invierno es indispensable protegerlo, principalmente con riego por microaspersión; también puede utilizarse invernáculo u otras coberturas”, explicó.
Las floraciones ocurren desde octubre-noviembre y la producción se concentra entre diciembre y abril o mayo. “Las noches más frescas y los días no tan extremos nos permiten lograr fruta de excelencia. En Concordia alcanzamos hasta 19 grados Brix, lo que nos permite afirmar que es de las más dulces del mundo”, remarcó.
Variedades y principales errores
Uno de los ejes de la jornada será el debate varietal. Hasta hace poco predominaban materiales autostériles —pulpa roja y pulpa blanca—, pero hoy se avanza con variedades autofértiles desarrolladas en el vivero local.
“Tenemos materiales chinos, vietnamitas, undatus e incluso palora. Todavía no existe un mapa varietal definitivo para todo el país, por eso recomendamos que cada quinta cuente con tres, cuatro o cinco variedades y evaluar cuáles se adaptan mejor a su ambiente”, indicó.
Entre los errores frecuentes de quienes se inician en el cultivo, mencionó la falta de planificación en la protección contra heladas y la elección inadecuada de variedades para cada zona.
Inversión y retorno
Desde el punto de vista económico, la inversión inicial ronda los 30.000 a 40.000 dólares por hectárea en un planteo completo. Sin embargo, el retorno puede comenzar relativamente pronto.
“Si se planta en septiembre u octubre de 2026, la primera cosecha comercial puede llegar en el verano 2027/28. Hoy los valores son altos y el recupero es rápido, aunque es previsible que los precios bajen a medida que crezca la oferta y el consumo. Pasará de ser una fruta para presupuestos altos a una accesible para todos”, estimó.
Mercado interno y exportación
Actualmente el mercado interno muestra fuerte interés. La comercialización se apoya en redes sociales y circuitos cortos, incluso con venta directa. “Está todo por hacerse en materia de mercados locales. Convocamos a productores con iniciativa a sumarse”, expresó.
En cuanto a la exportación, consideró que aún es incipiente para Argentina, mientras que países vecinos ya avanzan en ese camino. “Hoy el desafío es desarrollar el mercado interno”, sintetizó.
Una jornada con mirada internacional
La Primera Jornada de Pitayas reunirá especialistas de Perú y Brasil, además de exposiciones virtuales desde Ecuador y España, junto a referentes locales. El intercambio internacional permitirá compartir experiencias de distintas realidades productivas.
Quienes participen del taller a campo aprenderán sobre plantación, conducción, poda, manejo sanitario y cosecha, y podrán acceder a plantas disponibles para la campaña 2026.
La actividad está abierta a productores, técnicos, inversores y estudiantes. “No hay razón para autoexcluirse. Es un proyecto accesible para todo aquel que tenga curiosidad y espíritu emprendedor”, aseguró Winograd.
Y concluyó: “El mundo cambia, cambian las dietas y los hábitos. Así como hoy la tecnología influye en cómo nos comunicamos, también impacta en cómo nos alimentamos. La pitaya es plenamente compatible con esta nueva cultura alimentaria. Por eso no hay que perderse esta Primera Jornada en Concordia”.






















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