por Pedro Aguer
No importa si conocido o desconocido.
De aquí en adelante lo que debería importar realmente es la voluntad, la disposición para el cambio. La generosidad del conjunto resistiendo el interés individual.
Parafraseando el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria del 18, los dolores que quedan frente a las libertades que faltan, recordamos lo importante que es la unión tras objetivos reparadores.
Lo que importa es el amor al prójimo.
No importan las dificultades de la adversidad sino la disposición para enfrentarlas y el entusiasmo para la lucha. La fuerza espiritual y el deseo de entender que nada es mejor que la ayuda mutua.
Lo que importa es el respeto de los que más saben a los que menos saben o ignoran, y el reconocimiento de estos a aquéllos.
La ignorancia presente puede ser el terreno donde se desarrollará la sabiduría futura. Nadie nace sabiendo. Sin embargo la humanidad crece en el almácigo del conocimiento que es cada individuo.
Alberdi sostenía que “la riqueza no reside en el suelo ni en el clima. El verdadero territorio de la riqueza es el hombre mismo”. La ignorancia es la fuente vacía que hay que llenar. Sobre todo, con la cultura del trabajo.
En este proceso somos parte los unos y los otros en el equilibrio entre los derechos y las obligaciones. Que es la garantía de la paz sustentable.
Todos somos protagonistas. Esta es la ley de la importancia que tiene el proceso del aprendizaje, sin la cual es imposible convivir en armonía.
Los mejores proyectos son los de aplicación posible. Las mejores realizaciones consisten en no excluir ni discriminar.
Se trata de construir sin destruir. De vivir sin matar.
Ninguna guerra es superior a la paz.
Los verdaderos héroes son los que construyen en la paz, conduciendo la lucha en el fragor de las disidencias.
La superioridad no está en la fuerza material ni en la mayoría numérica sino en el resultado social de las propuestas concordantes con el bienestar general de la comunidad en su conjunto.
Conducir no es ocupar el lugar que ningún otro pueda ocupar sino orientar la creación de espacios que todos puedan ocupar dignamente, pues es la esencia de la igualdad. Es también promover la participación en el uso pleno de la libertad creadora.
Así es posible gobernar en el camino de la evolución inherente a cada vida en integración con la vida en su totalidad. Es en una palabra el sentido común.
Es el del individuo en función colectiva.
Es el orden de las relaciones humanas y de la humanidad con la naturaleza, en el ámbito de la puesta en marcha de la solidaridad con rumbo definido.
Es el compromiso que nos debemos por el solo hecho de haber nacido, en concordancia con el concepto de que nacer es entrar desde la dependencia de otra vida al desarrollo de la propia.
Es entender que el proceso educativo posee el poder de crear en la conciencia la necesidad de participar en la realización de objetivos comunes.















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