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Día del Niño

Con motivo de haberse celebrado el pasado domingo 18, el Día del Niño, hemos querido hoy, hablar de ese tan tierno como amoroso tema. Empero, aclaro, que también nos vamos a ocupar del AÑO INTERNACIONAL DEL NIÑO, lo que vamos a concretar, transmitiendo un poema que escribí en el año 1979, cuando (ese año) fue declarado así, por una organización internacional (o mundial) en protección de todos los niños del mundo, para lo que se publicaron los derechos de esos seres pequeños que tanto amor, consideración y cuidado merecen por parte de los mayores.

No vamos a leer esos derechos, porque son demasiado extensos, y porque, además, suponemos que quien sea una persona hecha y derecha, los conoce y los respeta cabalmente. De todas maneras decimos que el niño, por su santa inocencia, por su indefensión de los ataques que suelen propinarles, con barbarie, algunos adultos, es digno de la defensa de los seres que son realmente humanos, y que no olvidan que ellos también fueron niños, y que, pudieron (¡ojalá no!) sufrir los horrendos ataques de personas sin corazón y sin alma.

El niño, por su condición de tal, no solamente no debe ser tratado brutalmente, sino que, además, debe ser atendido con suficiente y buena alimentación, con abrigos en los momentos de intenso frío, con juguetes que le den diversión y paz, con la educación que le abra un horizonte de posibilidades de una vida digna en su adultez, de cariño y de ternura permanentes, de sonrisas que lo conviertan en un pequeño feliz y sin rencores prematuros. Sin embargo, y lamentablemente, debemos admitir que en los tiempos que corren, no siempre, ni a todos los niños, se les pueden proporcionar, aunque más no sean, que estas pocas dichas que hemos mencionado: La alocada y vertiginosa carrera que está corriendo la humanidad, la imparable apetencia de muchos mayores por mostrarse poderosos, o, lo que es peor, la carencia de muchos padres pobres de bolsillo, hace que esa carnecita rosada, blanca o morocha, no goce de los derechos que tanta falta le hacen para crecer como Dios manda. Y ahora sí lo prometido: el poema “NIÑO: EN TU AÑO”, que escribí en el año 1979.

NIÑO: EN TU AÑO

La tierra en su vientre gesta tu futuro, / ella guarda hondo tu trabajo y pan. / Pero en dura lucha derribemos muros/ que siempre conspiran contra los que dan. – Cincuenta millones de niños trabajan/ debiendo no hacerlo por legislación. / Es que a sus mayores nunca les alcanza/ para brindarles real protección. – También hay patrones que emplean a niños/ para conseguir mano de obra barata; / aquéllos no saben que tanto egoísmo/ castiga más tarde a quienes se arrastran. – Si la tierra madre produce sus mieses/ en forma abundante como es capaz, / estos pobres niños la suerte tuviesen/ de ir a la escuela y no a trabajar. – Descalzos y hambrientos, en el siglo veinte, / andan todavía millones de niños. / Si la tierra pare lo que hay en su vientre/ los recuperamos de ese hondo abismo. – Los niños padecen miserias atroces/ culpa de los malos que embolsan demás. / Es que no hay gobiernos que levanten voces/ protegiéndolos de la voracidad. – Démosle alegría en la adolescencia/ borrando en sus rostros muecas de dolor. / Así solamente tendremos presencia/ de futuros hombres plenos de fulgor. – En el siglo veinte fuimos a la luna. / Pero a ti no llega el abundante pan. / Es que prevalece la indolente pugna/ por mostrarnos fuertes ante los demás. – Si la ciencia avanza ¿por qué estas miserias/ que tronchan la vida de la juventud?/ ¡El mundo no debe ser la inmunda feria/ donde el ser humano pierde su virtud! – En éste tu año, tienen los adultos, / una ineludible misión que cumplir; / debe revertirse el proceso que – oculto – / lleva en sus entrañas un siniestro fin. – En el mundo entero se están socavando/ los mismos cimientos de la juventud. / Pero si la tierra vamos cultivando/ romperemos pronto con la esclavitud. -¡NIÑO! …¡Prepárate y lucha!…/ ¡Hay que despertar la conciencia del grande, / porque si hasta ahora muy pocos te escuchan/ lograrás un día, que tu suerte cambie!…- Si en tu mesa falta la alimentación, / es porque la tierra no se explota bien, / los latifundistas no dan producción/ y los minifundios en ruinas se ven. – Hay niños que tienen inmensas riquezas/ plasmadas en oro, lujos y esplendor, / pero tienen dentro la enorme tristeza/ de andar mendigando un poco de amor. – Las quince cuartetas que escribo en tu año/ pretenden abrirte más ancho el camino. / Es poco lo que hago; te alcanzo un peldaño/ para que arribes a mejor destino.

Como dije al comienzo de la columna, a estos versos los escribí cuando el 1979, fuera declarado “AÑO INTERNACIONAL DEL NIÑO”. Es decir, que hacen 34 años, Y fue publicado en mi libro titulado “LA LUZ QUE ESPERABA”, en Abril de 1991.

VIALE, 22/08/2013. Columna Editorial para Mundo Rural nº 502 por HERMINIO ENRIQUE LUDI.

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