Domingo 12 de julio de 2026: Audio del Padre Alfredo
Para quienes formamos parte del sector agropecuario, hablar de siembra, de calidad de suelo, de humedad y de rinde es parte de la cotidianeidad técnica y productiva. Sin embargo, este domingo la liturgia nos propone elevar la mirada y observar estos mismos conceptos desde una perspectiva espiritual y humana, a través de una de las analogías más profundas del Evangelio: la Parábola del Sembrador.
En las lecturas de este Domingo XV del Tiempo Ordinario, la naturaleza, la producción y la fe se entrelazan de manera perfecta. Desde la promesa de fecundidad en el libro de Isaías hasta el análisis de las distintas superficies que realiza el Evangelio de San Mateo, el mensaje es claro: la semilla siempre es buena; el desafío radica en el estado del suelo que la recibe.
La lluvia que fecunda y el cuidado de los surcos
El Profeta Isaías (55, 10-11) abre la liturgia con una imagen que todo productor conoce de memoria: la importancia del agua que desciende del cielo. Así como las precipitaciones empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar para “dar la semilla al sembrador y el pan al que come”, la Palabra divina posee una efectividad biológica y espiritual que nunca regresa estéril.
Por su parte, el Salmo 65 refuerza esta alianza entre el Creador y la tierra productiva, describiendo un paisaje de abundancia que bien podría ser el de nuestras pampas en un año de buena cosecha: “Riegas los surcos de la tierra, emparejas sus terrones; la ablandas con aguaceros y bendices sus brotes. Las praderas se cubren de rebaños y los valles se revisten de trigo”.
Las diferentes “zonas” del lote espiritual
El pasaje central del Evangelio según San Mateo (13, 1-23) traslada la escena al manejo agronómico de la fe. Jesús describe a un sembrador que esparce la semilla sin escatimar, cayendo esta en cuatro escenarios distintos que representan las disposiciones del corazón humano:
Al borde del camino: Suelos compactados donde la semilla no logra penetrar y es arrebatada por las aves.
Terreno pedregoso: Falta de profundidad. La semilla brota rápido por la temperatura superficial, pero ante el primer estrés hídrico o solar, se quema por falta de raíces.
Entre espinas: Malezas y competencia que terminan ahogando el cultivo; representa las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas que impiden el desarrollo del fruto.
Tierra buena y fértil: El suelo que ha sido preparado, que recibe el grano, lo comprende y genera rendimientos excepcionales del “cien, el sesenta o el treinta por uno”.
Propósitos: ¡A sembrar!
En su reflexión para Mundo Rural, el Padre Alfredo nos convoca a tomar un rol activo en este ciclo productivo de la fe y nos comparte sus propósitos para esta semana:
“Dios siempre siembra. Cada mañana distribuye semillas, de muchas maneras, con variadas personas y momentos. Hay que disponerse a ser sembrador del Señor, asumiendo su siembra en uno y disponiéndose a ser útil en su siembra en los demás. ¿Qué semillas recibo y cuáles doy? ¡A sembrar! ¡Amén y adelante!”
Como hombres y mujeres de campo, sabemos que una buena cosecha no es fruto del azar, sino de la constancia, la preparación del perfil y el cuidado diario del lote. Que este domingo sea una oportunidad para evaluar cómo estamos preparando nuestro propio suelo interior para recibir la siembra de Dios y ser canales de abundancia para nuestros hermanos.















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