En las labores diarias del campo, los productores y trabajadores rurales enfrentamos frecuentemente la incertidumbre de la intemperie: sequías, vientos fuertes o tormentas imprevistas. De manera similar, la vida cotidiana nos presenta desafíos emocionales y espirituales que ponen a prueba nuestra templanza y confianza. La liturgia de este domingo nos invita a mantener la fe activa incluso cuando las condiciones parecen adversas.
Lecturas del Domingo XIX del Tiempo Ordinario
Primer Libro de los Reyes (19, 9a. 11 – 13a)
El Señor no estaba en el viento huracanado, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en el rumor de una brisa suave.
El profeta Elías experimenta la presencia divina no en las manifestaciones violentas de la naturaleza, sino en la calma de una brisa apacible, recordándonos la importancia del silencio y la serenidad para escuchar la voz de Dios.
Salmo 85 (84)
«Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación… La Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo. El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos.»
Carta de San Pablo a los Romanos (9, 1 – 5)
San Pablo expresa un profundo dolor y amor por su pueblo, destacando el valor de la fidelidad a las promesas y la unidad entre los hermanos.
Evangelio según San Mateo (14, 22 – 33)
Jesús camina sobre las aguas y socorre a Pedro ante la fuerza del viento.
Los discípulos se encontraban en medio del mar, sacudidos por olas y vientos contrarios. Al ver a Jesús caminar sobre el agua, Pedro pide ir hacia Él, pero al sentir miedo por la violencia del viento, comienza a hundirse. Al clamar “¡Señor, sálvame!”, Jesús le tiende la mano de inmediato, calmando la tempestad al subir a la barca.
Reflexión en Audio del Padre Alfredo
A continuación, compartimos la reflexión del Padre Alfredo para este domingo, centrada en la búsqueda de la paz interior ante las dificultades cotidianas:
Escuchar audio del Padre Alfredo:
Propósito de la semana: Todos enfrentamos tormentas y necesitamos la calma que solo proviene de la fe. Ante las dificultades diarias, vale la pena preguntarse: ¿Soy parte de la calma o de la tormenta en mi entorno familiar y de trabajo? ¿Qué acciones puedo emprender para generar paz, confianza y cercanía con quienes me rodean?
¡A sosegar la vida! ¡Amén y adelante!
Padre Alfredo















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