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Dios en la Tierra: Meditación y evangelio para el domingo

En medio de las labores del campo, el ritmo de la siembra y la mirada atenta al cielo y a los mercados, cada domingo hacemos una pausa en el camino para alimentar el espíritu. En nuestro segmento habitual "Dios en la Tierra", compartimos las lecturas correspondientes al Domingo XXV del Tiempo Ordinario junto con las palabras de aliento y reflexión del Padre Alfredo.

Reproducir Audio del Padre Alfredo

Escuchá la reflexión dominical del Padre Alfredo para la comunidad agropecuaria:

Reflexión Dominical: La Generosidad de Dios y la Viña del Señor

La parábola de los obreros de la viña nos confronta con la lógica humana frente a la justicia divina. En el trabajo rural entendemos bien el valor del jornal, del esfuerzo bajo el calor del día y del contrato justo. Sin embargo, el Evangelio de hoy nos invita a mirar más allá del mérito comercial: Dios nos muestra una justicia basada en la misericordia y en su infinita bondad.

Dios llama a todos a su viña en diferentes momentos de la vida; no busca calcular únicamente horas trabajadas, sino ofrecer a cada uno la oportunidad de la salvación y el sustento de su gracia.

Propósitos para la semana

  • Gratitud: ¡Dios ha sido bueno! Pocas veces nos detenemos ante este atributo de Dios.

  • Examen personal: ¿Qué tan bueno soy yo con Él y con los demás? ¿Soy verdaderamente generoso?

  • Acción: Vivir la generosidad con lo que tenemos y con lo que somos, cultivando el desprendimiento con alegría en nuestras familias, comunidades y lugares de trabajo.

¡Amén y adelante!

P. Alfredo (Argentina)

Lecturas Bíblicas del Domingo (20 de Septiembre de 2026)

Textos tomados de la versión “El Libro del Pueblo de Dios”

Primera Lectura: Libro de Isaías (55, 6-9)

¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca!

Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva el Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar.

Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-.

Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes.

Salmo Responsorial: Salmo 145 (144)

R/. El Señor está cerca de aquellos que lo invocan.

Señor, día tras día te bendeciré,

y alabaré tu Nombre sin cesar.

¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:

su grandeza es insondable! R/.

El Señor es bondadoso y compasivo,

lento para enojarse y de gran misericordia;

el Señor es bueno con todos

y tiene compasión de todas sus criaturas. R/.

El Señor es justo en todos sus caminos

y bondadoso en todas sus acciones;

está cerca de aquellos que lo invocan,

de aquellos que lo invocan de verdad. R/.

Segunda Lectura: Carta de San Pablo a los Filipenses (1, 20c–24. 27a)

Así lo espero ansiosamente, y no seré defraudado. Al contrario, estoy completamente seguro de que ahora, como siempre, sea que viva, sea que muera, Cristo será glorificado en mi cuerpo.

Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia.

Pero si la vida en este cuerpo me permite seguir trabajando fructuosamente, ya no sé qué elegir.

Me siento urgido de ambas partes: deseo irme para estar con Cristo, porque es mucho mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que permanezca en este cuerpo.

Solamente les pido que se comporten como dignos seguidores del Evangelio de Cristo. De esa manera, sea que yo vaya a verlos o que oiga hablar de ustedes estando ausente, sabré que perseveran en un mismo espíritu, luchando de común acuerdo y con un solo corazón por la fe del Evangelio.

Evangelio según San Mateo (20, 1-16a)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

«El Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña.

Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: ‘Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Y ellos fueron.

Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: ‘¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?’. Ellos les respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Entonces les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.

Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros’. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.

Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada’.

El propietario respondió a uno de ellos: ‘Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?’.

Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».

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