En este XXI Domingo del Tiempo Ordinario, la Liturgia de la Palabra nos invita a reflexionar sobre la autoridad espiritual, la fe profesada y el llamado a edificar la comunidad a partir del discernimiento cotidiano.
Lecturas de la Jornada
Primera Lectura (Isaías 22, 19-23)
El Señor anuncia la destitución del mayordomo del palacio y la elección de Eliaquím: “Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá”.
Salmo Responsorial (Salmo 138)
Tu amor es eterno, Señor; ¡no abandones la obra de tus manos! Nos recuerda que el Señor se fija en el humilde y fortalece el alma de quien lo invoca.
Segunda Lectura (Romanos 11, 33-36)
San Pablo exclama ante la grandeza de la sabiduría divina: “¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! Porque todo viene de él, ha sido hecho por él, y es para él”.
Evangelio según San Mateo (16, 13-20)
En Cesarea de Filipo, Jesús pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es él, y luego interpela directamente: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy?”. Simón Pedro responde: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús declara a Pedro como la piedra sobre la cual edificará su Iglesia y le entrega las llaves del Reino de los Cielos con el poder de atar y desatar.
Reflexión del Padre Alfredo Nicola
Discernir para liberar y sanar
Descubrir a Jesús en nuestras vidas es un gran fruto espiritual. Y a ese hallazgo le sumamos el propósito fundamental de enseñarlo a los demás como tarea de evangelización.
Aquello de “atar y desatar” no es solo una declaración formal; son herramientas espirituales concretas que tenemos que utilizar todos los días en nuestra labor y vida cotidiana: discernir para liberar y sanar en nuestras comunidades. ¡A obrar en nombre del Señor!
¡Amén y adelante!
P.Alfredo















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