Opinión • Uncategorized

El arte de la política

por Pedro Aguer

La acción política es el sustento del progreso colectivo de una nación.

No se trata de la suerte sino de planificar adecuadamente en concordancia con las posibilidades reales y de las potencialidades que se vislumbren.

El político no está para correr albures ni proponer aventuras.

Su función no es paternalista sino coordinadora.

No debe decir “voy a hacer” sin preguntar antes si se está necesitando lo que se plantea para realizar y si cuenta con el consenso correspondiente.

Tampoco “nosotros hicimos” tal o cual cosa, refiriéndose sólo al sector al que pertenece.

Las obras son realizadas con el esfuerzo de todo el conjunto social.

No corresponde atribuirse realizaciones excluyendo a nadie.

“Nadie hizo antes” es una expresión desafortunada o soberbia, si comparamos con lo que no hicieron los demás, porque nadie puede ni podrá hacer todo. Siempre quedará algo para que lo hagan los que sucedan a los actuales gobernantes. Seguramente no porque no quisieron sino porque no se pudo hacer o simplemente no fue la oportunidad.

“Nunca antes”, qué quiere decir que no sea desmerecer las gestiones anteriores.

Político es el que interpreta las necesidades y actúa en consecuencia para poner en marcha las correspondientes gestiones conducentes.

El político no tiene por qué saber todo. Debe sí saber delegar en los que saben lo específico para asegurar el resultado esperado.

Para esto se necesita humildad y firmeza. Condescendencia para valorar a los demás, en sus debidos sitios o funciones.

Rectitud moral para exigir en concordancia con la responsabilidad y suficiente criterio para impedir errores o corregirlos a tiempo, para que no ocasionen daños irreparables.

Nadie es más que nadie – sostenía José Artigas – lo que quiere decir igualdad. Lo único diferente son las responsabilidades. Se terminó el tiempo de los luminados. Mucho les cuesta a los pueblos cargar con errores de quienes son incapaces de preguntar y escuchar antes de tomar decisiones.

Siempre hay tiempo para no equivocar el rumbo, lo que no hay es tiempo para reparar los daños sociales, que son irreversibles para quienes los sufren directamente. Por lo general son estos los que menos tienen, los más desprotegidos, los desposeídos y los descamisados.

Los estadistas son seres prudentes, que miden las consecuencias de sus respectivas responsabilidades. Son quienes eligen con sumo cuidado a sus colaboradores, porque son una extensión de sus propias posibilidades.

Cuando un político se equivoca pone en riesgo a la comunidad, a la provincia, a una nación. Y no debe conformarse con que “el fin justifica los medios”, porque ningún fin los justifica cuando perjudican a alguien, sea quien sea.

Para evitar esa situación le asiste la capacidad de convocatoria, de movilizar al pueblo en torno a los problemas detectados y a los que puedan desencadenarse, sin prejuicios ni complejos. De este modo seguramente contará con más opiniones enriquecedoras, provenientes de los ciudadanos a quienes debe servir en la causa común, no servirse de ellos para su proyecto personal.

La política es una responsabilidad muy grande para reducirla a la improvisación.

Su esencialidad como arte significa echar manos a la sabiduría del pueblo, que es la más adecuada para guiar la acción. “Es el arte de lo posible”, pero con vistas al bienestar general.

Pedro Aguer
 

 

WhatsApp chat