por Pedro Aguer
La obligación del trabajador es trabajar. Su objetivo, ser feliz.
Su derecho, ¿a quién le importa? Pero eso sí, tiene su día.
Todo tiene su día de recordación.
La amistad, los enamorados, los médicos, los maestros, los canillitas, los bancarios…
Así podemos seguir sin llegar a completar la lista que por cierto es interminable.
Estamos en el día del amigo. Un día que durará tres.
Pero en el día que se recuerda lo que más se recuerda es que hay que regalar. Para regalar hay que comprar.
Consumir.
Por eso no hay día del consumidor.
El consumidor tiene que consumir todos los días, sin que nadie le regale nada.
Bien decía Charles Gide “Si el consumidor no se organiza es esclavo del mercado, organizado pasa a ser el rey”.
Pero el mercado le ganó de mano.
La mano invisible operó rápidamente y pareciera que nada hay que la tuerza de su destino:
Gobernar el mundo, administrar la vida humana, sin importarle mucho por cuánto tiempo.
Este asunto es lo de menos para el mercado.
Gide tenía mucha razón.
En torno al día de cada cosa todos estamos felices porque esperamos el regalo y el que regala también lo está porque puede obsequiar al homenajeado. Con el día del amigo por lo general cumplimos el doble papel, lo que no deja de ser una relativa complicación para los bolsillos. Porque cada vez están más vacíos…
Los que más pueden reciben al final de la jornada una parte de lo que cada uno recibió. Es la parte grosa, la incalculable. Cómo no, si son los que inventan los días o se encargan de que hasta sean cargados de emoción y festejados con felicidad.
A mis amigos les recuerdo que podemos organizarnos como dijo el fundador de la Escuela de Nimes.
Entre las distintas formas de organización están las cooperativas de consumo.
De estas cada vez se habla menos.
Pero existen. Y podrían existir en mayor cantidad, de tal modo que los consumidores podamos intervenir en la regulación de los precios del mercado, siguiendo las reglas del juego por éste impuestas. Pongamos como ejemplo, que el monopolio haya copado el movimiento económico local. Si los consumidores nos reuniéramos en cooperativas tendríamos la oportunidad de conocer el precio justo e imponerlo sin que nadie tenga que desaparecer, y los chicos defenderse. Los productos comercializados a través de la empresa solidaria saldrían de ella con sólo el excedente que le permitiera evolucionar. Y los grandes tendrían que conformarse con ganar un poco menos, quizás.
Esto se puede logra paso a paso, preservando a la entidad colectiva, administrada democrática y autogestionariamente, de maniobras internas cómplices de la especulación externa. Es decir, participando.
El origen del cooperativismo moderno tiene su punto de partida en un almacén de consumo ideado por los Probos Pioneros de ROCHDALE. Lo cual merecería un capítulo aparte.
Su desenvolvimiento posterior le ha permitido incursionar por muchos tipos de cooperativas: CRÉDITO, SERVICIOS PÚBLICOS, EDUCACIONALES, DE VIVIENDA, TRABAJO… en fin innumerables son los objetivos que pueden lograrse mediante la forma de organización cooperativa.
Incluido el CONSUMO.
Si nos orientáramos hacia esta actividad, los días conmemorativos de cualquier oficio, actividad o profesión, sería también beneficioso para mucha más gente, y el festejo tendría una más inteligente distribución de los resultados, económicamente hablando; que es el único punto de interés de los actuales usufructuarios.
Es claro, no sólo los días especiales sino todos los días serían beneficiosos para el consumidor.














Excelente. Un saludo cordial para Vos.