Dios en la Tierra

Evangelio del día

Sábado de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario. El santoral recuerda a  San  Cipriano y San Cornelio Papa Evangelio según San Lucas 6,43-49. Mensaje de audio y video del Padre Alfredo Nicola, Párroco de Oro Verde.

Jesús decía a sus discipulos:

«No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos:
cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.

El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.

¿Por qué ustedes me llaman: ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que les digo?

Yo les diré a quién se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica.

Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca.

Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida.

En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande.»

Amén y ¡ adelante !

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Hoy se celebra a San Cornelio y San Cipriano, amigos defensores de la fe

Cada 16 de septiembre la Iglesia celebra al Papa San Cornelio y al Obispo San Cipriano, dos amigos que se opusieron a las herejías y blasfemias de su tiempo. Lo que los llevó a morir como mártires.

Cornelio significa “fuerte como un cuerno” y durante su vida dio honor a su nombre porque afrontó con firmeza la herejía de Novaciano, quien proclamaba que la Iglesia Católica no tenía poder para perdonar pecados. Sin embargo el Papa se opuso y sostuvo el perdón para el pecador verdaderamente arrepentido.

Dentro de los que apoyaban al Papa se encontraba San Cipriano quien lo respaldó contra la herejía de Novaciano.

No obstante, el sufrimiento de San Cornelio no sólo sería por cuestiones internas en la Iglesia, sino también por la persecución a los cristianos del emperador Decio. Fue enviado al destierro y murió decapitado en el año 253.

Cipriano, Obispo de Cartago, por su parte sufrió de igual modo la persecución de Decio y la del emperador Valeriano. Más adelante le decretaron pena de muerte por seguir celebrando ceremonias religiosas y oponerse a ofrecer sacrificios a los dioses. Él, al oír su sentencia, exclamó: “Gracias sean dadas a Dios”. Luego fue decapitado en septiembre del 258.

De esta manera, los dos amigos, unidos en la fe y el apoyo en tiempos difíciles, padecieron bajo el mismo suplicio y dieron testimonio a los demás cristianos para que permanezcan firmes en la Verdad.

 

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