Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: “Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?
No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?
Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”
Amén y ¡ adelante !
Hoy es la fiesta de San Adeodato I, Papa
San Adeodato fue el Papa número 68 de la Iglesia, que según la tradición, utilizó por primera vez el sello papal en los documentos pontificios. Asimismo, se dice que curaba distintos tipos de enfermedades apoyando únicamente sus labios en las heridas de los enfermos.
El Martirologio Romano menciona el hecho de que una vez curó a un leproso al besarle las heridas.
Fue elegido como Papa el 19 de octubre del 615, después de haber sido sacerdote por 40 años, y su pontificado duró únicamente tres años. Nació en Roma en un tiempo en que Italia estaba a merced de los lombardos y del Imperio Bizantino.
San Adeodato fue hijo de un subdiácono llamado Esteban. Desde joven ingresó para su formación al monasterio benedictino de Roma dedicado a San Erasmo.
En el siglo VII, Roma estaba siendo asolada por el desorden, guerras y una mortal epidemia de peste. Por si fuera poco, en agosto del año 618 la Ciudad Eterna fue víctima de un terremoto.
Ante las tragedias, Adeodato mantuvo la serenidad y se preocupó por ayudar y consolar a los damnificados, a los enfermos y a los leprosos. Se le atribuye la capacidad milagrosa de haber curado de la peste a muchas personas.
Murió santamente en noviembre del 618.















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