por Pedro Aguer , Columnista de Mundo Rural .
Todo el apoyo de los gobiernos provincial y municipal para el fomento del cooperativismo y el mutualismo será beneficioso para la sociedad en su conjunto. La cuestión es impulsar la organización de la solidaridad no usarla con fines electoralistas.
Los municipios deberían crear direcciones de cooperativas y mutuales que se ocupen de promover estas instituciones de carácter solidario. Estos organismos no deben ser meramente burocráticos. Deben sí interactuar con el Instituto Provincial, y abocarse a tareas prácticas.
Hay en nuestra Provincia muchas entidades y existe la Carrera de Licenciatura, más Técnicos Superiores, recibidos en Paraná y en Concordia.
Existe la Ley de Enseñanza Obligatoria del COOPERATIVISMO Y DEBERÍA EXTENDERSE SU ALCANCE A LAS MUTUALES.
La arremetida en tal sentido contribuirá a que se desarrolle una conciencia de la solidaridad puesta al servicio de toda la población, partiendo del Estado, de manera tal que en los barrios, a través de la movilización de las organizaciones vecinales, signifique un verdadero estímulo, para la creación de fuentes de trabajo.
Por cierto, no se deberá tomar esta política con tendencia partidaria ni religiosa, aunque todos los partidos políticos y cultos de todos los credos, al sumarse, le darían el impulso adecuado.
Muchas son las necesidades que el sistema capitalista no cubre por carecer de rentabilidad netamente lucrativa, las que serían abordadas por la solidaridad organizada si a ésta se le diera la importancia que tiene.
El Estado a través de planes asistenciales encara los problemas carenciales en las emergencias, pero no con el propósito de una vez logrado el objetivo salir de esta situación y avanzar con la generación de propuestas laborales con proyección sustentable. Lo que se ha operado con el plan “Argentina Trabaja” no es interpretado con rigor cooperativista y así suceden protestas y acciones de reclamo que en las cooperativas no deben existir.
Las cooperativas y las mutuales pueden tomar la posta, como así también encarar desde el principio la cuestión.
Estas instituciones deben nacer de las necesidades sentidas de la comunidad.
Todas las actividades productivas, industriales, comerciales y de servicios pueden ser motivo de estas instituciones.
Se necesita una educación al respecto, que ponga en claro su sentido de autogestión, independiente de toda tendenciosidad, pues el hambre y la pobreza no preguntan, de quién es la casa ni piden permiso antes de entrar.
No es mucho pedir, pero es ciertamente necesario que la clase política en vez de poner todo el esfuerzo en los intereses personales o partidarios, colabore en esta tarea de salvación para un amplio sector de la población, condenado a vivir en la marginación.
Nada debe desecharse. Lo hasta aquí ofrecido debe continuar, pero con una perspectiva emancipadora del ser humano respecto de las presiones económicas, y corrigiendo los errores.
Todos merecemos ser reconocidos en tanto y en cuanto a la libertad y a la igualdad de posibilidades.
El cooperativismo y el mutualismo han dado muestras de ser sumamente útiles para la solución de situaciones que parecían irreductibles.
La historia se ha encargado de demostrar fehacientemente que las entidades bien encaradas por sus asociados y debidamente controladas, democráticamente y equitativamente administradas siempre están a salvo de fracasos. Prosperan y son reguladoras de los precios del mercado.
Que por el contrario si no se las cuida desde adentro indefectiblemente caerán y desaparecerán.
Que cuando empiezan este camino no se las salva transformándolas en empresas de otro carácter (o de naturaleza jurídica capitalista) sino con más compromiso solidario de sus integrantes; es decir sus dueños, que son insustituibles en tal tarea. No se olvide que las cooperativas y las mutuales nacen por las injusticias creadas por aquel sistema económico.
El apoyo del gobierno debe ser estrictamente conducido para que los factores externos no las asechen.
Debe contribuir a su fortalecimiento con la idea de que sus asociados y de quienes deseen crear nuevas entidades, sepan que no importa que haya muchas cooperativas o mutuales sino muchos cooperativistas y mutualistas.
Así las cosas, la participación del Estado en la promoción de la solidaridad no caerá en saco roto y su accionar será concordante con la práctica de una buena política social.
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Pedro Aguer















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