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Gobernar la educación

por Pedro Aguer , especial para Mundo Rural 

Es en verdad una cuestión de idoneidad y de responsabilidad.

Es nada más y nada menos que administrar la realidad del presente con vistas a la construcción del futuro. Perspectiva que debe ser motivo permanente en la conciencia del educador y en el interés del educando, y de la sociedad en su conjunto como motor de su desarrollo en libertad y justicia.

Cada día que se pierde en este sentido resulta irrecuperable.

La educación no empieza y termina en la escuela ni en la universidad. Se forja durante toda la vida; muy bien señala Spinoza que “si educas al niño evitarás castigar al hombre”.

Existe mucha teoría de altura intelectual dedicada al tema, demostrando que sabemos de qué se trata. Nos hemos atrevido a reemplazar la 1420 y todo.

Pero hay una práctica cotidiana que se impone en sentido contrario
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Tenemos el educando y sus circunstancias, no en la cápsula de sí mismo.

El sí mismo requiere una exhaustiva consideración de las circunstancias que incidirán directa e indirectamente en la formación del individuo quién la adquirirá paulatinamente en su integración social.

No se concibe la educación áulica sin la correspondiente al hogar y al desempeño de su interacción con la propuesta de la vida en su totalidad.

De esto se desprende que el docente debe tener conocimientos teóricos y prácticos de sicología, sociología, política y de todo cuanto forme parte de los planes de estudio y realizar desde ese horizonte la planificación diaria.

El Estado no debe desentenderse de semejante demanda social, en ninguno de sus niveles: municipal, provincial y nacional. Mucho menos reducir la atención a la cuestión salarial.

Este aspecto debe estar resuelto por anticipado, ya que forma parte del Presupuesto.

Cuando así no ocurre queda al descubierto la falta de responsabilidad que adolece el tema fundamentalmente por lo que compete al Estado. A partir de lo cual queda comprobada la falta de idoneidad para gobernar la educación.

No es un tema para economistas solamente. No es problema de cifras. Se trata del problema humano en su proyecto evolutivo.

Tampoco es una alternativa exclusiva de los docentes.

Es tremendo el hecho de mirar para otro lado durante el año y enfrentar el asunto cada vez que empiezan las clases.

Esto quiere decir que la educación no interesa a quienes gobiernan.

Para corregir esta carencia de fundamental importancia puede ser una acción adecuada integrar a la sociedad en su conjunto en el cultivo del proceso educativo.

Sería una política de estado asumida responsablemente.

No tenemos que preocuparnos porque el Papa está preocupado sino que no debería ser motivo de preocupación del Papa. Pero este suceso indica la liviandad con que se trata la educación reduciéndosela al comienzo o no comienzo de las clases.

“Educación, educación, educación” ha dicho el Presidente de la República Oriental del Uruguay. El tema es recitado en las tribunas de todos los partidos aquí en Argentina… Pero el problema persiste.

Con este panorama se están formando nuestros niños, adolescente y jóvenes, sumergido en un clima de inseguridad y de falta de trabajo digno, de vivienda digna y de salud, impresionante.

La educación y sus circunstancias totalmente desatendidas, No se puede justificar esto sin propuestas superadoras.

Pretender justificarlo así nomás es irritante a la expectativa de lo medianamente normal.

Está claro que cuando lo que prima es permanecer en el poder lo que menos importa es la ilustración del pueblo.

La problemática no pasa por las ofertas salariales ocasionales.

Tampoco por la presión en mayor o menor grado del gremio y sus organizaciones sindicales.

Cuando se minimizan los conflictos a las conciliaciones obligatorias se sigue destruyendo la escuela pública y las universidades públicas, ante lo cual comparativamente e injustamente aparece como mejor posicionada la enseñanza privada.

Este debe dejar de ser un problema añejo y convertirse en una actividad para consolidar el progreso que se enarbola como modelo, pero que sin educación en estado de movilización revolucionaria es palabra vana.
Las leyes están pero no se cumplen, es decir, la teoría se ha elaborado en los congresos y en las discusiones que indefectiblemente genera la educación. La práctica muestra las escuelas vacías.
La educación argentina llegó a niveles de ejemplaridad en el concierto de las naciones.
Por lo tanto sabemos de qué se trata. Resolver esta cuestión de conflicto permanente indica que ningún justificativo tiene la política para seguir mirando para otro lado, como si nuestra sociedad pudiera prescindir de la educación.

Educar para que los argentinos nos reencontremos con el patriotismo.

Porque, ¿cuánto patriotismo hay en los funcionarios a la hora de asignarse los sueldos? ¿Pensarán en el que reciben empleados públicos, trabajadores en general? ¿Les parecerán suficientes para vivir dignamente? ¿Ellos se considerarán superiores, merecedores de semejante diferencia? ¿Será que la igualdad, la equidad y la justicia, son meramente una ficción y la democracia algo imposible en cuanto a la seguridad, la educación y la salud? ¡¿Qué nos está pasando?! “Educación, educación, educación” ha dicho el Presidente Mujica. Educación para empezar a cambiar e ir garantizando la vida en Justicia Social, pero es que nos resulta tan difícil escuchar razones tan sencillas… O lo natural y corriente es mirar insensiblemente para otro lado. Mientras tanto, la educación en permanente conflicto. Las aulas vacías y más de tres millones de chicos sin clases. Hemos avanzado en la legislación, dejando atrás la 1420. Pero evidentemente las leyes no son culpables. Debemos cambiar y sólo será posible mediante la educación como política de Estado.

 

 

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