Dios en la Tierra

Hoy el santoral recuerda a los 7 Santos Fundadores de los Siervos de María

17 Febrero. Jueves de la 6ª semana del Tiempo Ordinario. Evangelio de hoy.

Epístola de Santiago 2,1-9.

Hermanos, ustedes que creen en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no hagan acepción de personas.
Supongamos que cuando están reunidos, entra un hombre con un anillo de oro y vestido elegantemente, y al mismo tiempo, entra otro pobremente vestido.
Si ustedes se fijan en el que está muy bien vestido y le dicen: “Siéntate aquí, en el lugar de honor”, y al pobre le dicen: “Quédate allí, de pie”, o bien: “Siéntate a mis pies”,
¿no están haciendo acaso distinciones entre ustedes y actuando como jueces malintencionados?
Escuchen, hermanos muy queridos: ¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que lo aman?
Y sin embargo, ¡ustedes desprecian al pobre! ¿No son acaso los ricos los que los oprimen a ustedes y los hacen comparecer ante los tribunales?
¿No son ellos los que blasfeman contra el Nombre tan hermoso que ha sido pronunciado sobre ustedes?
Por lo tanto, si ustedes cumplen la Ley por excelencia que está en la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, proceden bien.
Pero si hacen acepción de personas, cometen un pecado y son condenados por la Ley como transgresores.

Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

Evangelio según San Marcos 8,27-33.

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”.
Ellos le respondieron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas”.
“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro respondió: “Tú eres el Mesías”.
Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.
Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días;
y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.
Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Hoy recordamos a los 7 Santos Fundadores de los Siervos de María, amigos que se santificaron juntos

Cada 17 de febrero la Iglesia celebra a los Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María, los “servitas”.

En el siglo XIII, un grupo de siete jóvenes -la mayoría de origen noble- originarios del reino de Florencia (hoy parte de Italia) decidieron abandonar sus riquezas para entregar sus vidas al servicio de Cristo y su Evangelio. Para poder dar aquel gran paso, los siete se encomendaron fervientemente a la Madre de Dios. Con el tiempo, el grupo daría lugar a lo que se conoce como la Orden de los Siervos de María.

Amigos en Cristo y María

El 15 de agosto de 1233 (fiesta de la Asunción de María) la Virgen se apareció a un grupo de siete jóvenes, casi todos de buena posición económica, dedicados al comercio. La Virgen María les pidió que renuncien al mundo y se dediquen exclusivamente a Dios y a los necesitados. En ese momento, los jóvenes ya eran parte de una cofradía llamada “los Laudenses”, en la que vivían hermosamente la piedad filial a María, pero la solicitud directa de la Madre de Dios hizo que asumieran un llamado distinto.
Así, Buonfiglio dei Monaldi (Bonfiglio), Giovanni di Buonagiunta (Bonagiunta), Bartolomeo degli Amidei (Amadeo), Ricovero dei Lippi-Ugguccioni (Hugo), Benedetto dell’Antella (Maneto), Gherardino di Sostegno (Sosteño) y Alesio de Falconieri (Alejo) repartieron todo su dinero entre los pobres y se retiraron al Monte Senario, cerca de Florencia, a rezar y a hacer penitencia. Allí construyeron una Iglesia y una ermita, en la que vivieron austeramente por años.

Hijos de María, siervos de Dios

El Sumo Pontífice, tras haber tomado noticia del buen obrar de los jóvenes, los convocó y les solicitó que fueran ordenados sacerdotes. Todos, excepto San Alejo Falconieri, el menor de ellos, aceptaron el pedido. Alejo, por humildad, prefirió permanecer siempre en condición de “hermano”.

En 1239, los siete fundaron la orden religiosa de “los Siervos de María”, conocidos también como la “Orden de los Servitas”, o simplemente “servitas”; después de que la Virgen se les apareciese de nuevo pidiéndoles que sigan las reglas de San Agustín para la vida en común, y les mostrase un hábito negro, recomendándoles que lo llevasen en memoria de la Pasión de su Hijo.

Al amparo de la Madre

Para el año siguiente, 1240, los servitas ya se habían hecho conocidos en toda Florencia e iban extendiendo rápidamente su obra, llegando a fundar otros conventos e iglesias.

La característica de esta congregación es la devoción a la Santísima Virgen, la vida en soledad y el retiro.

Los Siervos de María fueron reconocidos por la Santa Sede en el año 1304. Su memoria se conmemora el 17 de febrero, día en el que murió el último de sus miembros, San Alejo Falconieri, el año 1310.

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