Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.
Se acercaba la fiesta judía de las Chozas,
Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.
Algunos de Jerusalén decían: “¿No es este aquel a quien querían matar?
¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías?
Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es”.
Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: “¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen.
Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió”.
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.
Amén
Hoy es fiesta de San Vicente Ferrer, ayudaba a matrimonios en crisis con agua bendita
“Si quieres ser útil a las almas de tus prójimos, recurre primero a Dios de todo corazón y pídele con sencillez que te conceda esa caridad”, decía San Vicente Ferrer, cuya fiesta se celebra cada 5 de abril, y que solía dar un regalo especial a las esposas que peleaban mucho con sus maridos.
San Vicente Ferrer nació en Valencia (España) en el 1350, fue miembro de la Orden de Predicadores. Se dedicó a la enseñanza de teología y filosofía.
Combatió con empeño la división de la Iglesia en el cisma de occidente. Recorrió muchas comarcas predicando, obteniendo muchas conversiones y reforma en las costumbres de los pueblos.
Partió a la Casa del Padre el 5 de abril de 1419 en Vannes (Francia), donde se venera su cuerpo. Fue canonizado por Calixto III en 1455. Hay gran devoción hacia él en Europa y América.
San Vicente Ferrer solía regalar a las señoras, que peleaban mucho con su marido, un frasquito con agua bendita y les aconsejaba: “Cuando su esposo empiece a insultarle, échese un poco de esta agua a la boca y no se la pase mientras el otro no deje de ofenderla”.
Esta famosa “agua de Fray Vicente” ayudaba mucho a las familias porque la mujer, al no poder contestarle al marido, entonces no había peleas.
Ojalá que en muchos hogares se viva esta bella costumbre de callar mientras el otro ofende porque lo que produce la pelea no es la palabra ofensiva que se oye, sino la palabra ofensiva que se responde.















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