Jesús dijo a sus discípulos:
«Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian.
Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.
Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes.
Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman.
Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores.
Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.
Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos.
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes».
Amén y ¡ adelante !
Hoy la Iglesia celebra a San Juan Crisóstomo, patrono de los predicadores
Hoy la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Juan Crisóstomo, quién fue llamado así por la gente al ser uno de los más famosos oradores que ha tenido la Iglesia (Crisóstomo significa “boca de oro”).
San Juan, quien también es Doctor de la Iglesia, nació en Antioquía en el 347. Estando en la escuela ya causaba admiración con sus declamaciones e intervenciones en las academias literarias.
Después de haber vivido como monje en su casa y en el desierto, fue ordenado sacerdote y empezó a deslumbrar con sus maravillosos sermones. Más adelante, el emperador Arcadio lo pide como Arzobispo de Constantinopla.
Estando allí mandó a quitar todos los lujos del palacio y con las cortinas elegantes se fabricaron vestidos para los pobres. Le exigió a sus sacerdotes y monjes ser pobres en el vestir, comer y el mobiliario para dar buen ejemplo.
Sus acciones en favor de los necesitados y desprotegidos no fueron tomadas a bien por algunos. Vivió sus últimos días como desterrado y murió el 14 de septiembre del 407, diciendo: “sea dada gloria a Dios por todo”.
En una ocasión dijo: “Si te encuentras en el camino un sacerdote y un ángel, ve a besar la mano del sacerdote ya que los ángeles aunque quieren ser capaces de administrar el Sacramento de la Eucaristía, no pueden ya que esto pertenece sólo a los seres humanos”.















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