Carta de San Pablo a los Filipenses 3,17-21.4,1.
Sigan mi ejemplo, hermanos, y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado.
Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo.
Su fin es la perdición, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra.
En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo.
El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio.
Por eso, hermanos míos muy queridos, a quienes tanto deseo ver, ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en el Señor.
Salmo 122(121),1-2.3-4a.4b-5.
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la Casa del Señor!»
Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa.
Allí suben las tribus,
las tribus del Señor.
Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David.
Evangelio según San Lucas 16,1-8.
Jesús decía a sus discípulos:
“Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes.
Lo llamó y le dijo: ‘¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto’.
El administrador pensó entonces: ‘¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza.
¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!’.
Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’.
‘Veinte barriles de aceite’, le respondió. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez’.
Después preguntó a otro: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’. ‘Cuatrocientos quintales de trigo’, le respondió. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y anota trescientos’.
Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz.”
Amén
Hoy celebramos a San Leonardo de Noblac, patrono de parturientas y prisioneros
Cada 6 de noviembre la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Leonardo de Noblac, patrón de los prisioneros y las parturientas. Leonardo nació en Galia (hoy, Francia), probablemente entre los años 491 y 518 (no hay mayor certeza al respecto), en el seno de una familia noble de origen franco, reconocida por el Imperio Romano. Perteneció a la corte de Clovis I (Clodoveo), iniciador de la dinastía Merovingia. Clodoveo y Leonardo se convirtieron al cristianismo durante la Navidad de 496, gracias al patrocinio de San Remigio, Obispo de Reims, quien condujo a Leonardo por el camino de la caridad y el apostolado.
Leonardo obtuvo de Clovis la autorización para encargarse de los prisioneros que estaban en las cárceles y devolver la libertad a aquellos que hubiesen cumplido un castigo proporcional y según la justicia. En aquellos tiempos, solía suceder que los prisioneros pasasen periodos de tiempo absurdos o exagerados, sea por su desproporcionalidad o por la crueldad de las condiciones de vida. Leonardo se preocupó por liberar a aquellos que estaban enfermos, a quienes ya habían cumplido una pena suficiente o a quienes habían sido víctimas de falsas o dudosas acusaciones. Sin proponérselo, Leonardo inauguró en Occidente un punto de vista distinto para tratar a quienes habitan las cárceles. Por esta razón es considerado el patrono de los prisioneros.
A Leonardo se le ofreció ser obispo pero rechazó tal posibilidad. En su tiempo, era muy común que las familias nobles tuvieran como prerrogativa que uno de sus miembros fuese parte de la jerarquía eclesiástica. El rey Clodoveo interpuso una oferta para Leonardo, pero él prefirió hacerse monje. De esa manera, primero ingresó al monasterio de Micy y posteriormente se fue a vivir a los bosques de Limousine, Aquitania, hacia donde, por su vida de santidad, atrajo muchos seguidores, quienes también adoptaron el estilo de vida eremita.
La tradición -especialmente medieval- conserva hermosas historias sobre este Santo. Una de ellas tiene que ver con su intervención cuando a la reina se le adelantaron los dolores de parto. Se temía lo peor, pero las oraciones y cuidados de San Leonardo contribuyeron a que ella diese a luz sin contratiempos. Leonardo fue premiado con unas tierras que cedió para la construcción de la abadía que hoy lleva su nombre: la abadía de San Leonardo de Noblac.
Su devoción se extendió muchísimo por Europa en los siglos posteriores de la Edad Media gracias a los incontables milagros atribuidos a su intercesión, la mayoría de ellos vinculados a la liberación justa de prisioneros o a madres que invocaban su nombre en el momento del parto.
San Leonardo murió en el año 559. También es patrono de la conservación del ganado.
Hoy, son cientos las iglesias y capillas que llevan su nombre a lo largo de la Europa occidental, incluyendo la Europa insular.















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