Primera Carta de San Pablo a Timoteo 1,15-17.
Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos.
Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que van a creer en él para alcanzar la Vida eterna.
¡Al Rey eterno y universal, al Dios incorruptible, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos! Amén.
Salmo 113(112),1-2.3-4.5a.6-7.
Alaben, servidores del Señor,
alaben el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
desde ahora y para siempre.
Desde la salida del sol hasta su ocaso,
sea alabado el nombre del Señor.
El Señor está sobre todas las naciones,
su gloria se eleva sobre el cielo.
¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
y se inclina para contemplar
el cielo y la tierra?
El levanta del polvo al desvalido,
alza al pobre de su miseria.
Evangelio según San Lucas 6,43-49.
Jesús decía a sus discipulos:
«No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos:
cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.
El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.
¿Por qué ustedes me llaman: ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que les digo?
Yo les diré a quién se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica.
Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida.
En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande.»
Hoy se celebra a Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela
Cuenta la tradición que, después de la llegada de los españoles a la región de Guanare (Venezuela) en 1591, un grupo de indios de la tribu de los Cospes abandonó su tierra y se trasladó hacia el río Tucupido con el propósito de no tener contacto con los foráneos y su religión.
Así permanecieron las cosas por muchos años hasta que, alrededor de 1651, el cacique Coromoto, junto con su esposa, contempló asombrado en la quebrada del río, por encima de las aguas a una hermosísima Señora que los miraba con expresión amable en el rostro.
La misteriosa mujer, que llevaba también un niño sonriente en brazos, le dijo al cacique: “sal del bosque junto con los tuyos y ve donde los blancos para que reciban el agua sobre la cabeza y puedan entrar en el cielo”.
El cacique, impresionado por lo que había visto y oído, obedeció y marchó con su tribu para ser instruido en la fe cristiana. Sin embargo, al poco tiempo, él y los miembros de su tribu, decidieron volver a los bosques, cansados e incómodos con su nuevo régimen de vida.
El 8 de septiembre de 1652 la Señora volvió a aparecer, pero esta vez en la choza de Coromoto. Ella intentó convencerlo de que volviese para ser catequizado, pero él no se dejó persuadir. Ni el aura ni los rayos luminosos que rodeaban la figura de la Señora lograron impresionar al jefe. Por el contrario, él trató de echarla con amenazas. La Señora, entonces, se acercó al cacique y este se lanzó sobre ella, con la intención de atacarla. En ese instante la Señora desapareció, quedándose Coromoto con una pequeña estampa en la que estaba grabada la imagen de la Señora en la mano. El cacique huyó al bosque y fue mordido por una serpiente venenosa, entonces, viendo que su vida corría peligro pidió el bautismo en Guanare. Allí, finalmente, vivió como un cristiano.
La reliquia de la Virgen de Coromoto
La reliquia de la Virgen de Coromoto mide 27 por 22 mm y es una impresión o pintura sobre pergamino (papel de seda). La Madre de Dios aparece pintada de medio cuerpo y está sentada sosteniendo al Niño Jesús en su regazo. La Madre y el Hijo miran de frente con sus cabezas coronadas. Dos columnas unidas entre sí por un arco forman el respaldo del trono que los sostiene. Su apariencia es como la de haber sido dibujada muy finamente como un retrato en tinta china a base de rayas y puntos. La Virgen cubre sus hombros con un manto y un velo que cae simétricamente sobre sus cabellos.
El 7 de octubre de 1944 el Papa Pío XII la declaró “Patrona de la República de Venezuela” y su coronación canónica se realizó el 11 de septiembre de 1952, con ocasión de la celebración del tercer centenario de la aparición.
Los venezolanos celebran a Nuestra Señora de Coromoto el 2 de febrero (Fiesta de la Presentación del Señor), el 8 (Natividad de la Virgen María) y 11 de septiembre. El Santuario Nacional de la Virgen de Coromoto fue declarado basílica por el Papa Pío XII el 24 de mayo de 1949.















Comentar