Vida centrada en la oración
De nombre secular Juan de Garavito y Vilela de Sanabria, nació en Alcántara, Extremadura (España) en 1499, en el seno de una familia noble. Empezó a estudiar leyes en la Universidad de Salamanca, pero abandonó los estudios al descubrir que Dios lo llamaba a su servicio. Se hizo fraile franciscano y posteriormente fue ordenado sacerdote.
Fray Pedro de Alcántara impulsó la fundación de varios conventos: primero, de algunos destinados a su Orden; luego, otros para la naciente reforma del Carmelo, la que apoyó fervientemente, dado que conocía de primera mano el espíritu de la obra de Teresa de Ávila.
Fue un hombre de profunda vida espiritual. De hecho, se hizo conocido por la dedicación que ponía, en tiempo e intensidad, al trato personal con el Señor, manifestado en sus constantes desvelos en la oración y la meditación.
Para que todos conozcan a Dios
Supo equilibrar la vida contemplativa con la predicación y el cuidado de las almas: solía realizar viajes a los pueblos situados en las cercanías al convento de Arenas, donde vivía.
Se caracterizó por ser modelo de cumplimiento y respeto por los principios que regían la vida monástica, a través de lo cual alentó a muchos hermanos a ser más generosos con los asuntos de Dios.
Fray Pedro también adquirió fama de buen predicador, y cabe subrayar que muchas conversiones se produjeron entre quienes lo pudieron escuchar. Al mismo tiempo, tuvo especial preocupación por que todos obtuvieran el debido provecho de la vida espiritual.
Por esta razón se propuso escribir obras de divulgación: a Fray Pedro de Alcántara se le atribuye haber hecho la edición compacta del Libro de la oración y meditación de Fray Luis de Granada, bajo el título de Tratado de la oración y meditación.
De espíritu reformador
Trató con San Francisco de Borja y, de manera especial y fructífera, con Santa Teresa de Ávila. Fray Pedro se convirtió en el confesor y director espiritual de la santa, y fue él quien más la animó a que lleve a cabo la reforma carmelita.
Él mismo, inspirado en el deseo de renovar la espiritualidad religiosa, puso en práctica una reforma de la Orden franciscana, fundando una rama de “estricta observancia” conocida como “alcantarinos”.
Santa Teresa de Jesús cuenta en su autobiografía cuán agradecida quedó con el fraile franciscano por su sabiduría y santidad. Teresa cuenta incluso cómo fue que Fray Pedro se le apareció en sueños después de muerto y le dijo: “Felices sufrimientos y penitencias en la tierra, que me consiguieron tan grandes premios en el cielo”.
A la casa del Señor
San Pedro de Alcántara murió en paz, de retorno al Convento de Arenas, después de haber hecho uno de sus habituales itinerarios por Ávila y Oropesa. Murió en compañía de sus hermanos a quienes tanto quería.
El pueblo de Arenas, por su parte, manifestó su gratitud al santo por todo lo que había hecho por este en vida. Todo aquél que pudo tratarlo fue bien encaminado hacia Dios. Sus palabras finales, tomadas del Salmo 21, fueron el sello y testimonio perfecto de aquello que le movió toda la vida: “¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!”.
Patrono de Brasil
San Pedro de Alcántara es, curiosamente, patrono de la República Federativa de Brasil -honor que “comparte” con Nuestra Señora Aparecida- sin ser brasileño ni portugues. La razón de esto se encuentra en que, en virtud de la fama de hombre espiritual que adquirió en vida, el rey de Portugal, Dom João III el Piadoso, le solicitó ser su confesor.
Cercano a la corona portuguesa, San Pedro de Alcántara tocó el alma de muchos nobles, príncipes e infantes. La huella que dejó fue muy profunda, y cuando el recién independizado Brasil de las primeras décadas del siglo XIX se constituyó en imperio, con régimen de monarquía constitucional, su primer emperador fue Dom Pedro I.
Pedro I era el príncipe heredero portugués, cuyo nombre, recibido en el bautismo, le fue puesto en honor al santo español, quien fuera amigo de la corona.
Poco después de lograda la independencia, en 1826, el Papa León XII, a petición de Dom Pedro I, declaró a San Pedro de Alcántara como el santo patrono de Brasil.
Otros patronazgos
Debido a la costumbre de pasar noches sin dormir en oración constante, Pedro de Alcántara es reconocido como el protector o patrono de los celadores y guardias nocturnos.
San Pedro de Alcántara murió en 1562, fue beatificado por el Papa Gregorio XV en 1622 y canonizado por Clemente IX en 1669.

¿Cómo se convirtió un santo español en el patrono de Brasil?
Con un decreto del Papa Pío XI en 1930 Nuestra Señora Aparecida se convirtió en patrona de Brasil, pero antes de eso, ya en 1826, el Papa León XII había declarado patrono del país a San Pedro de Alcántara, santo que es celebrado el 19 de octubre.
La declaración de la Virgen Aparecida como patrona del país no anuló el decreto de 1826, por lo que el patronazgo de San Pedro de Alcántara sobre Brasil sigue vigente hasta el día de hoy.
Como explicó el P. Paulo Ricardo en un video con motivo de esta fecha en 2017, “el decreto de Pío XI no anula el decreto de León XII, porque una cosa es la patrona principal de Brasil, Nuestra Señora Aparecida, y otra es el santo patrono”.
San Pedro de Alcántara, nacido en 1499, procede de una familia noble de la provincia castellana de Ávila. Fue enviado a estudiar leyes a la Universidad de Salamanca, pero abandonó los estudios para hacerse franciscano. Fundó el convemto más pequeño del mundo, el Palancar, y fue amigo de Santa Teresa de Jesús, a quien animó parala reforma del Carmelo.
Murió en 1562 diciendo “¡qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!”.
El fraile español Pedro de Alcántara vivió “en medio de la decadencia moral y espiritual de su época”, dijo a ACI Digital en 2018 el P. Adenilson Silva Ferreira, párroco de la Catedral de San Pedro de Alcántara, en Petrópolis (RJ), ciudad fundada por Dom Pedro II.
Sin embargo, dijo el P. Adenilson, incluso en este entorno “abrazó el ideal de santidad en una vida marcada por una intensa experiencia de oración, humildad, penitencia y caridad ardiente”.
“Sacerdote celoso, pastor de almas, se dedicó a la predicación e impresionó a todos con su elocuente testimonio”, dijo.
Pronto se hizo conocido por su extraordinario don para la predicación, que generó muchas conversiones. Fue entonces cuando recibió una solicitud del rey de Portugal, Dom João III, llamado “el Piadoso”, para ser su confesor.
En el video, el P. Paulo Ricardo afirmó que “San Pedro de Alcántara fue un santo de extraordinario amor a Dios, de inmensa pobreza, de una vida de penitencia”, lo que hizo que su predicación tocara “los corazones del amor arraigado a Dios”.
Así fue como la predicación de este fraile hizo que “varios infantes, príncipes y princesas de Portugal asumieran una vida de penitencia, algunos hicieron voto de castidad”.
En un video del 2016, el P. Paulo destacó que el santo, “con toda su pobreza, logró convertir y sacudir la corte de Portugal. En otras palabras, innumerables nobles portugueses dejaron la vida mundana para ser célibes y abrazar la pobreza”.
San Pedro de Alcántara murió en 1562, fue beatificado por Gregorio XV en 1622 y canonizado por Clemente IX en 1669.
Así, se convirtió en el santo devoto de la familia real portuguesa y su nombre fue elegido como el nombre bautismal de los que se convertirían en emperadores de Brasil: Dom Pedro I y Dom Pedro II.
Más tarde, en 1826, el Papa León XII, a petición de Dom Pedro I, declaró a San Pedro de Alcántara como el santo patrono de Brasil. El P. Adenilson Ferreira dijo que de esta manera el Pontífice “permitió que su fiesta se celebrara, según las costumbres de la época, con oficio y Misa, con un rito de primera clase el 19 de octubre”.
El P. Adenilson dijo que “es muy oportuno recurrir a su intercesión”. “Su austeridad denuncia la inestabilidad de este mundo marcado por la codicia y la corrupción. Su conexión profunda con el Misterio condena el materialismo de la sociedad actual”, concluye.














Comentar