Aquel día, el aeropuerto de la capital provincial se convirtió en el epicentro de un encuentro multitudinario jamás visto en Entre Ríos. Ante una multitud estimada en decenas de miles de personas, el Santo Padre descendió del Papamóvil para compartir una memorable Celebración de la Palabra y dejar un mensaje profundamente arraigado en la dignidad humana, la paz y el valor del trabajo.
La voz de Don Luis Perriere: El relato directo desde el palco oficial
La histórica jornada contó con un sello periodístico inolvidable: la voz oficial desde el palco principal fue la de Don Luis Perriere, pionero del periodismo agropecuario entrerriano y fundador de Mundo Rural, quien fue honrado especialmente por el entonces Arzobispo de Paraná, Monseñor Estanislao Esteban Karlic (posteriormente Cardenal), para asumir la responsabilidad de relatar y guiar los momentos culminantes del acto.
Con la solidez, emoción y la precisión conceptual que siempre caracterizaron su labor frente a los micrófonos, Don Luis fue el encargado de llevar a la multitud las alternativas del minuto a minuto del Pontífice en suelo entrerriano.
Su relato capturó no solo el desplazamiento del Papamóvil y la logística del acto, sino la atmósfera espiritual que se vivía en la pista y en los alrededores. En palabras transmitidas por Don Luis Perriere durante la locución oficial: “Un gran evento junto a Juan Pablo II que jamás hubiéramos soñado que visitaría nuestra tierra entrerriana. Hoy te recibimos con gozo, te recibimos como un regalo precioso del Padre… En este recorrido del viajero de la paz, las aguas de nuestros ríos se abrazan y riegan nuestra tierra en eternos caminos de paz.”

Un mensaje de dignidad y unidad para el campo y la ciudad
Durante el acto, el “Viajero de la Paz” enfatizó principios que calaron hondo en la comunidad productiva y social de la provincia. El Pontífice destacó la riquísima diversidad que conforma la identidad de nuestros pueblos, agradeciendo la contribución de las distintas colectividades, los inmigrantes que forjaron la producción agrícola de la región, así como el rol fundamental de los ancianos, los jóvenes y los niños.
En el centro de su alocución, Juan Pablo II dejó una premisa imborrable sobre el valor de la vida: “Defendemos la dignidad de la persona humana, de cada una de las personas humanas. El grado de salud física o mental no añade ni quita nada a la dignidad de la persona humana. Más aún, el sufrimiento puede darle derechos especiales en nuestra relación con ella.”
El legado en nuestra tierra
Años después de aquella histórica jornada, y recordando la primera encíclica papal Redemptor Hominis evocada durante la transmisión, la bendición impartida en Paraná sigue siendo un faro de fe para las familias productoras, los trabajadores del campo y la comunidad entera.
Hoy, ante la inminente llegada de León XIV a la Argentina, el ámbito rural y la comunicación agropecuaria de la región renuevan su fe, revalidando aquellos principios de fraternidad, dignidad humana y compromiso con el trabajo digno sobre nuestra tierra.















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