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¿La armas o las palabras ?

por Herminio Ludi

Cuando las palabras no bastan, porque no nos entendemos, es muy probable que recurramos a las armas, cuestión muy rechazada entre personas que usan la razón. Sin Embargo, y según el temperamento de los contendientes, el uso de las armas suele ser bastante común en algunas diferencias que parecieran no tener otra solución: “LAS ARMAS SON NECESARIAS PERO NADIE SABE CUANDO”, apunta José Hernández en su magistral Martin Fierro. De todas maneras, aún en circunstancias muy exigentes, bueno sería que ese elemento letal, no fuese usado en ningún momento, salvo claro está, que sea en defensa propia, es decir en defensa personal de uno mismo, o de algún ser querido cuya vida está corriendo peligro. ¿Los códigos penales , hasta aquí, nos parecen no ajustarse a la real justicia. Y que nadie nos acuse de estar haciendo apología del delito. Usar un arma en defensa de lo justo y de lo humano, nos parece un derecho ineluctable de las personas, siempre que no se llegue a la misma muerte. A éstas (a las muertes) se las causan muchas veces por otros factores, como pueden ser accidentes, o lo que es más criminalizado, por intentos de robos, donde la víctima no tiene absolutamente nada que ver, y ofrenda su vida en un acto realmente repulsivo y digno del mayor de los castigos. Aquí también la justicia suele ser muy benévola, perdonando, o aplicando leves penas a los convictos.

Nuestro título del día de hoy, persigue varios objetivos. Empero, y fundamentalmente, aspiramos a darle el valor intrínseco que tiene la PALABRA, la voz, esa facultad nunca bien valorada por los mismos que la disfrutan. Es verdad que el ser humano goza de otros sentidos igualmente estupendos. Pero éste; el de poder expresarse mediante la palabra, tiene un valor inconmensurable, prueba que ya hemos dejado patentizada con que, a través de ella, podemos evitar reyertas que, de lo contrario, nos dejarían saldos de luto y de llanto por todas partes. Pero que nadie se sienta exento de enfrentamientos con sólo usar de la palabra, del debate mesurado y democrático, también hay que evitar la soberbia, el espíritu de matón y de engreído. Y aquí queremos hacer una digresión, para preguntarnos: ¿Quiénes pelean más entre sí por intereses mezquinos, los animales o las personas? Los animales puestos en un pastoreo, comen todos iguales, o si les ofreces una aguada pasa lo mismo. Los seres humanos, en cambio, cada uno se apresura por quedarse con la mejor presa. Bueno, nosotros también somos animales, con la diferencia de que poseemos cinco sentidos. ¿Estamos?

El don de la palabra tiene un significado que habría que valorarlo en todos los momentos de nuestras vidas. ¿Qué pasaría entre nosotros, o qué seríamos si tuviésemos que entendernos solamente por señas? Seríamos un rebaño al que, el más fuerte o el más osado, nos arrearía para dónde él quisiera.

¡Por eso la magnificencia del creador ha sido de tal sabiduría, que nosotros hoy, a millones de años de distancia tenemos que agradecerla por todos los millones que vendrán. Pues, aquel argumento del fin del mundo – a nuestro juicio – nunca llegará. Cómo va a ser ese (o este) mundo, sólo DIOS lo sabrá. Y lo sabrá desde el inicio de los tiempos. Nosotros sabemos que hay creencias, u opiniones diversas, sobre todo entre las religiones. Miren, estimados oyentes en el berenjenal que nos hemos metido. Sin embargo, nosotros, los argentinos, tenemos a quién hacerle estas extravagantes preguntas, ¿no les parece, estimados oyentes, que la sabelotodo, que fundo, no el mundo, pero sí la argentina, junto a su ex marido hacen una decena de años, puede saber algo de este intrincado asunto? Perdón por la chanza.

Pero volviendo a la PALABRA, no sólo por su don, sino por el valor que encierra, debemos destacar aquello del hombre o de la mujer de palabra. La palabra debe ser una escritura, un documento menos borrable que una firma. La persona de palabra vale mucho más que la mentirosa, pues, “en boca de un mentiroso, lo cierto se hace dudoso”, como afirma un viejo adagio. Si precisamente los males del mundo, los que padecemos, frecuentemente, los argentinos, son consecuencia de la falta de la verdad con la que nos tienen embadurnados los gobernantes. O sea nos ensucian con promesas falsas, con la falta de respeto a esa preciosa facultad con la que la naturaleza nos premió: la palabra. Si el creador tuviese anotadas en su agenda todas las mentiras que creen hacernos tragar, tendrán que sufrir un castigo tremendo, pues, mentirles a los chicos – por ejemplo – que van a tener un futuro esplendoroso, es un pecado que no se los va a perdonar ni Dios, ni los hombres ni las mujeres, aunque Dios perdona, porque “perdonar es divino”.

A la PALABRA hay que respetarla, más que a las ARMAS, porque la PALABRA es dicha por las gentes, y las armas son objetos inanimados. ¿LAS ARMAS O LAS PALABRAS? Tal el título en forma de interrogante de la presente columna, ha tenido por finalidad lo que ya apuntamos más arriba, es decir darle el valor intrínseco, que ella posee. HABLANDO SE ENTIENDEN LAS PERSONAS. POR ESO RECLAMAMOS DIÁLOGO, SIN SOBERBIA Y SIN SANGRE EN LAS CALLES NI EN NINGUN LUGAR.

VIALE, 12/06/2014. Columna para “MUNDO RURAL”, HERMINIO ENRIQUE LUDI.

 

 

 

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