por Pedro Aguer para Mundo Rural
La sabiduría proviene de dos componentes inseparables: el tiempo y el amor al prójimo, que constituyen la esencia de la conducta y se manifiestan en cada acto de solidaridad, que no es otra cosa que la siembra de sentimientos integradores e incluyentes. Sin lo cual es imposible el desarrollo comunitario.
La lucha por la vida y la supremacía de los más fuertes son en el medio salvaje leyes que marcan la normalidad, pero son crueles en la sociedad humana, conducta que es modificada por la educación que trata de responder a las necesidades sentidas por el conjunto. En lo que están incluidos los derechos humanos que tienen que ver con la vida y con la dignidad, es decir, la ética.
El derecho a la libertad es inherente al desarrollo integral del ser en medio de la convivencia, en oposición a la hipocresía.
“Educa al niño y evitarás castigar al hombre”, afirmaba Pitágoras, porque la libertad no consiste en hacer lo que a cada uno se le ocurra, sino en la creación de una cultura en la que impere el respeto mutuo entre los hombres y los pueblos.
Para convivir a resguardo de las adversidades externas y de los abusos y explotaciones internos surge la solidaridad. Esta se manifiesta de diversas maneras reunidas en el común denominador del esfuerzo propio en función de la ayuda mutua, colectivamente asumida: la caridad, la beneficencia, la cooperación, el mutualismo, cooperadoras, asistencialismo (en las emergencias mediante ayuda directa o subsidios), y sus derivaciones reguladas o reglamentadas legalmente.
La solidaridad ha permitido a la especie homo sapiens perdurar a lo largo de la evolución biológica.
El uso cada vez más racional de sus ventajas ha posibilitado progresar en el crecimiento gracias a la libertad creadora.
Las crisis económicas la hacen recordar, aunque a veces tardíamente, ya que si recurriésemos a ella de manera preventiva y no ante los hechos consumados muchos sufrimientos podrían evitarse.
La toma de conciencia al respecto crece.
En las instituciones de este carácter los gobiernos de distinto signo o sistema y demás organizaciones no gubernamentales (ONG), han volcado más atención en sus efectos, las fomentan y protegen bajo el nombre común de economía social.
Las experiencias, sin embargo, no siempre han resultado favorables debido a manipulaciones tendenciosas, partidarias, que devienen en rotundos fracasos.
Vivimos en constante cambio, podríamos decir en constante proceso revolucionario, en mayor o menor grado.
Las injusticias sociales atentan contra los derechos humanos y ello provoca reacciones defensivas, que pueden ser pacíficas o violentas.
Estas últimas pueden ser evitadas mediante la solidaridad puesta en marcha preventivamente.
Para que esto sea lo normal todo proyecto solidario requiere medidas que impidan el mal uso de las organizaciones de manera inteligente y generosa. Su objetivo merece una disposición entusiasta para la creación de nuevas entidades y para el fortalecimiento de las existentes, en lo doctrinario como en lo administrativo.
Cada paso en tal sentido contribuirá a que la convivencia social sea cada vez más autogestionaria, participativa, democrática, igualitaria, equitativa, libre y despojada de hipocresías.















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