por Herminio Ludi
Siempre nos resulta fastidioso hablar con personas a las que no les conocemos su ideología política, o con aquellas que no tienen la más mínima idea de lo que está sucediendo a su alrededor políticamente hablando. Por un lado están los que podríamos calificar de híbridos, o de “independientes”, que no se quieren meter en nada, y que, torpemente esconden lo que piensan, por temor a incomodar a las personas que no piensan como ellos. Esos que no manifiestan su opinión en política, son los que llamamos acomodaticios, porque quieren caer parados en cualquier terreno, pero que, en el fondo esconden la peor de las ideas, dado que siempre están pensando bolsillo hacia adentro. Hablan con un RADICAL Y SE HACEN LOS RADICALES, hablan con un PERONISTA Y SE HACEN LOS PERONISTAS, hablan con un SOCIALISTA Y SE HACEN LOS SOCIALISTAS. Y así, sucesivamente. Por supuesto que los ciudadanos pueden ser de un partido o de otro, y coincidir en el fondo. Pero lo malo, muy malo, es no estar (en ningún momento) definido por alguno de los partidos políticos existentes, porque eso es lo que confunde a la gente en general. En lo que a mí respecta, prefiero estar hablando con un adversario político, a estar haciéndolo con alguien que, burdamente, me esconde sus ideas. Y, desgraciadamente, son los que definen cualquier elección. Es cierto que el voto es secreto. Pero aquí me pregunto: ¿Es secreto el voto de los candidatos, o de los dirigentes que trabajan para una determinada fracción política?
Empero, hablando de la cuestión política, actividad noble y sacrificada cuando se la lleva a cabo limpiamente, queremos (o quiero) formularme otro interrogante: ¿Se debe, o se puede entablar una conversación sobre cuestiones políticas en reuniones familiares, o de otro tenor, aún sin saber la opinión que, al respecto tienen otros de los contertulios? No querer hacerlo, por temor a que alguien se disguste porque no piensa igual que uno, es estar asimilando a las épocas más obscuras que nos han tocado vivir a los argentinos, o sea, que aún quedan resabios de las oprobiosas dictaduras que hemos sufrido. Nosotros entendemos que, aún en plena hora de plomo, los ciudadanos teníamos y debíamos platicar sobre las cosas sucias que pasaban, porque callarse, era aceptar en silencio los atropellos, las muertes, los latrocinios que cometía la dictadura. Entonces hoy, que hemos barrido todo aquello que ensuciaba a nuestra patria, estamos más convencidos que nunca, que no hay que callar, dado que la democracia bien practicada, nos faculta a que así lo hagamos. ¿O es que no podemos expresar nuestras ideas libremente, y aceptar que el otro (o los otros) lo hagan también?
Ahora bien, entre las ideologías, también están los adoradores de eso que recordábamos recién: las dictaduras, porque creen que con un régimen así, cruel y salvaje, vamos a eliminar la inseguridad que tanto nos aterra, sin recordar que fueron ellas (las dictaduras) las que sembraron la semilla del espanto, de los secuestros, de los asesinatos, del robo de niños recién nacidos, para entregárselos a los caranchos que, sin ningún escrúpulo, se apropiaban de inocentes, cuyos legítimos padres, aún hoy, no han podido reunirse con esos niños, hijos de sus vientres, sangre de su sangre y dolor de sus dolores.
Por todos estos dichos o lamentaciones, tanto por las dictaduras, tanto por los que no se comprometen con ninguna ideología, es que la ciudadanía libre y valerosa, debe tomar parido, discutir en cualquier terreno, afiliarse a algún partido político y ayudar a que, tanto los errores y mafias de ayer y de ahora, sean erradicados definitivamente. Ya que, tanto nosotros en estos momentos, como nuestros descendientes, en un futuro cercano o lejano, somos y sean dignos de andar por este suelo patrio, con la frente el alto, sin temor de ser sorprendidos por un proyectil homicida, que nos agujerea el cuero.
A la vida vale la pena vivirla en cualquier circunstancia. Pero, si mediante el ejercicio de las ideas libres, conseguimos ese nivel de vida, cuanto mejor va a ser para todos, puesto que, sin costumbres amañadas, esa vida que propiciamos será de raíces inveteradas en la sangre de todos los humanos, mientras que los hijos que ellos engendren, verán un horizonte claro, que les permita vivir sin ataduras y sin el peligros de ataques homicidas, de esos que hoy abundan por doquier. Hablar claro, decir lo que se siente y lo que se piensa, será el germen inmaculado que propenderá a la salida de los estancamientos que nos tienen amarrados. Y será, también, la forma de conocernos mejor, para saber, en todo momento, con quien estamos tratando cuando vemos a alguien por primera vez. Las ideologías políticas, deben ser todas buenas, pulcras y sinceras. Los ciudadanos, tienen que jugarse por su suerte y por la de los demás. Hacer (y ser) otra cosa, es no importarnos por los que sufren, por los que sienten hambre y frio. Vivir sin pensar en la desgracia de los demás, es vivir vanamente. De ahí, es que bregamos porque el hombre y la mujer, se sumerjan en lo ideológico, en la política, pues la democracia bien ejecutada, es la mejor solución para arrancar los males que nos aquejan.
VIALE, 26/06/2014. Herminio Enrique Ludi.















Estimada. te agradezco esto que pusiste de Don Ludi lo recuerdo de cuando yo era un hombre de 27 años es decír en plena nefasta Tiranía y lo veía así pensando y por lo menos ante mí luchando. Mas tarde me afilié al Justicialismo viniendo del nefasto gorilismo Socialista como el actual. Hoy rescato lo que dice y le agrego un dicho de Juan Perón: “Cuando un hombre dice: soy apolítico es como si dijera yo soy un cretino” en fin te agradezco todo está dicho. Con afecto a Uds dos.