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Profesionales en Cooperativas y Mutuales

por Pedro Aguer para Mundo Rural 

Las carreras de Técnico Superior y Licenciatura en Cooperativas y Mutuales fueron creadas con el objetivo de formar personas idóneas, que tuviesen una capacitación que les permitiera asesorar a quienes tomaran la decisión de participar en cualquiera de estos dos movimientos solidarios, y también manejaran los elementos intelectuales y prácticos como para fortalecer interiormente a las entidades ya existentes .

Se preveía que al institucionalizarse democráticamente el País no resultaría fácil la reparación sin echar manos a la solidaridad.

Se avizoraba la economía con graves dificultades.

Si bien el cooperativismo y el mutualismo estaban encaminados y su influencia llegaba a todo el territorio nacional, cabía difundirlo y fomentarlo con mayor intensidad.

Se hacían más importantes para su perfectibilidad las entidades que faltaban, pues las que estaban funcionando continuarían su rumbo. En ambas situaciones se requeriría personal debidamente formado. Las primeras para ahorrar experiencias insuficientes o equivocadas y las segundas para actualizar o modificar su situación en concordancia con los requerimientos de la modernidad, sin pérdida de tiempo.

Se necesitaba que las entidades solidarias se multiplicaran, observando una adecuada solidez como para resistir los embates de la intermediación especuladora.

El objetivo trascendió a tal punto que se dio a las carreras carácter terciario y universitario.

En la actualidad se cuenta con numerosos profesionales que deberían ser convocados por las entidades y por los gobiernos nacional, provincial y municipal, para producir un cambio con respuestas dirigidas a la difusión del cooperativismo y del mutualismo.

Existen leyes de educación orientadas a regir específicamente la tarea de tal modo que aumente la cantidad de cooperativistas y mutualistas, que a su vez se constituyan en promotores de estas formas de encarar la economía solidaria.

Se necesitan docentes que estén en condiciones de enseñar estas maneras de realizar una economía al servicio del hombre y no al revés. Pues de esto se trata.

Por ello el carácter socio-económico con que habitualmente se caracteriza su funcionamiento.

Para que la doctrina se difunda y la administración se realice, tanto en lo ya existente como en la concreción de nuevos proyectos, cuanto más se conozca menores serán los fracasos.

Las escuelas, las universidades y cuanta organización lo desee tienen a su alcance estos profesionales suficientemente capacitados para acompañar un crecimiento progresista en el manejo de la solidaridad comunitaria.

Con una buena coordinación interdisciplinaria, por ejemplo con las facultades de Servicio Social, de Ciencias Económicas, de Ciencias de la Educación, del Derecho, Ciencias Políticas, Agropecuarias, por las cooperativas y mutuales, o por sus organizaciones de segundo y tercer grado y con el franco apoyo del Estado haciendo cumplir las leyes vigentes, se podría avanzar en una verdadera política de estado, democrática y moderna.

Profesionales del Derecho y de Ciencias Económicas vienen desempeñándose en tareas que requiere la administración de estas empresas. Así seguirá siendo, pues los Técnicos y Licenciados no pueden participar en instancias judiciales ni en el monitoreo de balances, sí orientando a las cooperativas y a las mutuales para un funcionamiento normal y se comprometan con el principio de la educación, que sigue siendo una asignatura pendiente.

Muchos errores hay que corregir, hay leyes que modificar o sustituir y crear para que estas movimientos se realicen de manera progresista, como decía el Padre Arizmendiarrieta, “en la cooperación siempre un paso más”, y agregaba que “solo socializando el saber se puede democratizar el poder”.

Los profesionales de estas dos disciplinas de la economía solidaria están en condiciones de acompañar este proceso con un sólido apuntalamiento.

Ahí están. Sólo hay que convocarlos para que se sumen a un programa revolucionario, en las alternativas pacíficas de producir cambios profundos en la comunidad.

Los errores cometidos no deben convertirse en leche derramada sino en propuestas de debates correctores que nos conduzcan a la reparación tan ansiada.

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