por Pedro Aguer
Mientras la educación no avance en la medida de las exigencias de una dinámica social de permanente cambio y de progreso científico no concordante con la prosperidad, la que por el contrario va a la retaguardia, o en retroceso, la realidad proseguirá aumentando las falencias y los vicios que carcomen las potenciales posibilidades de un mejor vivir.
Del mismo modo se perderán las alternativas que podrían ser experimentadas en la construcción de la armonía en convivencia pacífica, igualitaria, equitativa, libre y democrática.
Saber es poder.
Si los habitantes de una nación no se instruyen serán víctimas de la especulación de los sectores vinculados a las centrales del poder financiero internacional.
Es lo que pasa en el mundo.
Sólo la solidaridad organizada en estrecha relación con el accionar de los complejos educacionales: primaria, secundaria y terciaria, con una fuerte participación universitaria, pueden constituirse en eje referencial para una política revolucionaria que evite desde el Estado los motivos desencadenantes de la inseguridad y la violencia.
El Estado debe ser impulsor de una movilización generalizada del conjunto. No erigirse en represor de intentos de cambio que hasta ahora son generados desde las protestas por deudas de promesas no cumplidas.
La participación comunitaria desde las necesidades sentidas del barrio podrá reparar los destrozos económicos, ecológicos y éticos que soportamos, debidos a la visible ineptitud e inoperancia de la falta de idoneidad en la administración de la cosa pública.
El Estado es reflejo de la ineficiencia de quienes tienen poder de decisión sin haberse preparado para la tarea de gobernar, demostrando solamente habilidad para el acomodo que usufructúan con gran solvencia en la adquisición de un muy buen pasar personal.
Todo el tiempo se gasta en las campañas electorales – que no tienen solución de continuidad.
Llegan al gobierno quienes deciden no abandonarlo más, aún antes de cualquier logro que avale tal disposición.
Se gasta en las campañas más, mucho más, de lo que se invierte en la gestión, pues el marketing electoralista incide con creces sobre las obras.
Esta tendencia nefasta será revertida mediante una ciudadanía cultivada sobre los valores de la austeridad y de la formación republicana con miras a establecer con naturalidad la cultura del trabajo, no la dádiva como sustento permanente.
Si el pueblo se desentiende de la acción política ésta será siempre abordada por aventureros y especuladores, por traidores y por mercenarios menos por políticos verdaderos.
Los procesos no se modifican atacando las consecuencias de malas administraciones sino las causas que las producen y sostienen.
Es imprescindible para ser gobernada por auténticos repúblicos que la sociedad toda conozca qué es la República, cómo se ejerce la democracia para sostenerla en su esencialidad. Ello será motivo suficiente para que quienes no estén a su altura no accedan a cargos que no merezcan desempeñar.















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