Dios en la Tierra

“Ser sabio, ser bueno y bendito, como lo pide el evangelio, es una tarea ardua”, reflexiona el Padre Alfredo

13 de febrero de 2022. Domingo VI del Tiempo Ordinario. Hoy recordamos a las santas Fusca y Maura. Evangelio de hoy. Reflexión del Padre Alfredo Nicola.

Libro de Jeremías
17, 5 – 8.

Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! Él es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita.
¡ Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto.

Salmo 1

¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!

El es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.

No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.

Carta I de San Pablo a los Corintios
15, 12. 16 – 20.

Hermanos:
Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan?
Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.
Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados. En consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre.
Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima.
Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.

Evangelio según San Lucas
6, 17. 20 – 26.

Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,
Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: “¡ Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

Extraído de la versión el Libro del Pueblo de Dios

Propósitos

Ser sabio, ser “bueno” y bendito, como lo pide el evangelio, es una tarea ardua. Podríamos plantar un árbol que nos recuerde el Salmo 1 y nos interpele a ser sabios, buenos y benditos, con todos, especialmente con los últimos. ¡A plantar!
¡Amén y adelante! ¡Buen fin de semana!

P. Alfredo Nicola
(Argentina)

Santoral 

Hoy recordamos a las santas Fusca y Maura, amigas entrañables y mártires de la fe

Hoy, 13 de febrero, la Iglesia recuerda a las santas Fusca y Maura, dos mujeres contemporáneas de Santa Águeda de Catania, quienes murieron mártires durante la persecución organizada por el emperador romano Decio, en el siglo III.

Dar la fe

Según la tradición, Fusca nació al interior de una familia pagana de Rávena, en la antigua Roma. Maura fue la nodriza de Fusca, es decir, la mujer que se encargó de cuidarla durante sus primeros años.

Cuando Fusca alcanzó la edad de 15 años, le confesó en secreto a Maura que había oído hablar del Señor Jesús y que tenía el deseo de convertirse y recibir el sacramento de la iniciación cristiana, el bautismo. Aquella invitación tocó el corazón de Maura. Es así que ambas buscaron a un sacerdote, Hermoloa, quien las instruyó en la fe y las bautizó.

El don de la fe en Cristo no tiene precio

Cuando el padre de Fusca se enteró de la situación, montó en cólera contra Maura, culpándola de haber causado un gran deshonor a la familia. Ordenó que las dos fueran encerradas en los sótanos de la casa, donde permanecieron tres días sin comer ni beber. La intención del padre de Fusca era darles un escarmiento tal que ambas pidieran perdón por haberse bautizado.

Nada de eso llegó a suceder. El padre, entonces, buscó por otros medios que su hija retorne al culto pagano de la familia. Como no pudo doblegar su voluntad, la denunció al gobernador Quinciano, quien ya había condenado al martirio a Santa Águeda poco tiempo atrás. Fusca, consciente de cuál sería su destino, tras ser acusada, se encomendó a Dios y declaró que no temía ni a los tormentos ni a la muerte, porque confiaba en las promesas de Cristo y creía en la resurrección.

Dar la vida

Quinciano envió a sus hombres para que se lleven a Fusca y a su nodriza, pero un ángel del Señor se paró al lado de ambas para protegerlas. Los soldados asustados no se atrevieron a ejecutar las órdenes. Posteriormente las dos mujeres fueron forzadas a comparecer ante el tribunal romano y, sin miedo, frente a sus miembros volvieron a confesar su fe en Jesucristo.

De acuerdo a las Actas de los Mártires, Fusca y Maura fueron cruelmente flageladas y asesinadas el 13 de febrero del año 251.

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