por Pedro Aguer , columnista de Mundo Rural
Insistimos en este asunto de primordial importancia. Muchos creen que si ingresamos a una cooperativa o creamos una la solución de los problemas vendrá de suyo.
Advertimos que no es así.
Una cooperativa puede ser un nuevo problema, y sí que lo será si no se toman las precauciones del caso.
En primer lugar se debe identificar el objetivo y luego convocar a los futuros asociados, si se trata de una nueva. Pero si se desea ingresar a una ya constituida se deberá conocer qué es una empresa de ese carácter.
Las cooperativas se rigen por principios que le dan ideología y por leyes que regulan su funcionamiento.
Nadie deberá ingresar a una cooperativa si no lo hace voluntaria y libremente.
Los asociados eligen la conducción y pueden ser elegidos.
Todos los asociados son iguales.
La distribución de los resultados será siempre equitativa.
Se cumplirá un plan de educación que abarcará la vida de la misma.
Las cooperativas se prestan mutua ayuda.
Como su existencia se desenvuelve en una comunidad debe atender los problemas que se presenten ocupándose de ellos como los demás vecinos.
Es imprescindible conocer el Estatuto Social que regirá la marcha de la institución y sus relaciones con el medio en el que actúe.
También se tendrá un conocimiento suficiente de la legislación.
Estas recomendaciones se hacen cada vez más necesarias, pues desde el Estado se ha tomado al cooperativismo como una panacea, y con mucha ligereza, lo que podemos comprobar por el comportamiento de las que se han constituido bajo el plan “Argentina Trabaja”. Vemos en repetidas ocasiones que los integrantes de estas cooperativas están en piquete cortando una avenida, en paro, o en protesta de otro tipo, lo que en una cooperativa es un absurdo, pues no pueden los asociados que son dueños naturales de la empresa protestar públicamente contra sí mismos, ni contra el poder político, ya que son empresas autogestionarias, independientes del Estado.
Su sustento se debe a lo recaudado por la producción, la transformación y la comercialización, es decir, por la operatoria económica y, en caso de emergencia, buscar ayuda de otras cooperativas o tramitar créditos.
El Estado deberá ayudarles a solucionar el problema, pero no sostenerlas, lo cual deja en situación de desigualdad a estas cooperativas respecto de las que no pertenecen al plan.
Por cierto que la empresa solidaria es una forma de generar trabajo, pero de manera genuina, no con promesas políticas, que por lo visto no se cumplen, obligando a quienes fueron convocados para ingresen al plan a tomar las medidas de protesta mencionadas.
Todo el que se interponga a la creación de fuentes de trabajo, sin dudas, es un mal nacido. Pero ello se debe lograr de manera genuina, para que la empresa tenga continuidad y sustentabilidad autónoma.
Es imperioso que se tomen las medidas adecuadas creando cursos de capacitación para estas cooperativas y aplicando las leyes de educación cooperativa, como un paliativo de extrema urgencia.
Se hará con ello un gran bien a los asociados, al movimiento cooperativo en general, y a la sociedad en su conjunto, al no desperdiciar subsidios o ayudas económicas a cooperativas que no se propongan cumplir con los principios universales de su esencialidad filosófica, con la legislación vigente y atender las necesidades de quienes las integran.
Crear una empresa nueva, o asociarse sin respetar y observar las leyes que rigen al cooperativismo, en vez de solucionar problemas estaremos creando otros de más difícil solución.
Pedro Aguer















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