El profeta Sofonías exhorta a “buscar al Señor”, a practicar la justicia y la humildad, recordándonos que Dios permanece cerca de los sencillos, de quienes no se apoyan en la mentira ni en la injusticia, sino que encuentran refugio en su Nombre. Es la imagen de un pueblo humilde que vive sin temor, en paz.
El Salmo 146 refuerza esta mirada: el Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, sostiene al huérfano y a la viuda, y acompaña a quienes están caídos. Un Dios cercano, atento al dolor humano y comprometido con la dignidad de cada persona.
En la carta a los Corintios, San Pablo nos recuerda que Dios elige lo pequeño, lo débil y lo despreciado para confundir la soberbia del mundo. Nadie puede gloriarse a sí mismo: toda fuerza y toda sabiduría auténtica provienen del Señor.
El Evangelio según San Mateo nos regala las Bienaventuranzas, un verdadero programa de vida. Jesús proclama felices a los pobres de espíritu, a los mansos, a los misericordiosos, a quienes trabajan por la paz y a quienes tienen hambre y sed de justicia. Un camino exigente, pero profundamente liberador, que promete consuelo, herencia y alegría verdadera.
Propósitos
Seguir al Señor implica discernir cada día, renovar fuerzas e incentivar el compromiso en el seguimiento. Preguntarnos cómo lo seguimos y a quién seguimos. La alegría es un don que nace cuando sabemos que estamos en el camino correcto.
¡A dar pasos!
¡Amén y adelante!
P. Alfredo Nicola (Argentina)
Textos tomados de la versión “El Libro del Pueblo de Dios”














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