Dios en la Tierra

Llamados en lo cotidiano: la luz que llega al trabajo y a la vida

En este III Domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a levantar la mirada y dejarnos iluminar por la luz que viene del Señor, incluso —y especialmente— en medio de las tinieblas, las angustias y los desafíos de la vida cotidiana.

El profeta Isaías anuncia un tiempo nuevo: allí donde reinaba la oscuridad, brilla una gran luz. El pueblo que caminaba en tinieblas descubre la alegría, la esperanza y la libertad que nacen cuando Dios rompe los yugos que oprimen y devuelve la dignidad. Es una imagen profundamente ligada a la vida concreta, al trabajo, al esfuerzo y también a las luchas silenciosas que atraviesan nuestras comunidades.

El Salmo 27 refuerza esta certeza: “El Señor es mi luz y mi salvación”. En Él encontramos refugio, fortaleza y esperanza. Esperar en el Señor no es pasividad, sino confianza activa, coraje para seguir adelante aun cuando el camino parece incierto.

San Pablo, en su carta a los Corintios, nos exhorta a vivir en unidad, evitando divisiones y rivalidades. El anuncio del Evangelio no se apoya en palabras grandilocuentes, sino en la fuerza de la cruz de Cristo, que sigue siendo fuente de vida y reconciliación.

El Evangelio según San Mateo nos muestra a Jesús iniciando su misión en Galilea, llamando a hombres sencillos —pescadores— a dejar sus redes para seguirlo. El llamado es claro y exigente: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Y la respuesta es inmediata, confiada, sin cálculos ni seguridades humanas. Jesús sigue caminando, anunciando la Buena Noticia y sanando las heridas del pueblo.

En su reflexión, el Padre Alfredo Nicola nos recuerda que seguir a Jesús implica renuncias y desafíos bien concretos, pero que lo esencial es no perder de vista lo que se alcanza: la presencia viva del Resucitado. La tentación de mirar hacia atrás o quedarse en la dificultad está siempre presente, pero el seguimiento del Señor nos invita a una actitud positiva, esperanzada, capaz también de contagiar ánimo a los demás.

Ser positivos, aprender y enseñar a mirar la vida con esperanza, es un ejercicio diario del discípulo. En ese camino, el Señor camina con nosotros.

¡Amén y adelante!
P. Alfredo Nicola (Argentina)

Textos bíblicos tomados de la versión “El Libro del Pueblo de Dios”

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