por Pedro Aguer para Mundo Rural
República significa división, independencia y equilibrio de los tres poderes del gobierno: EJECUTIVO, LEGISLATIVO y JUDICIAL.
Es la mejor fórmula para la práctica de la democracia.
Democracia es el gobierno del pueblo, que no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes, lo que le da entidad a la forma indirecta de su ejercicio.
La democracia directa no es posible cuando los pueblos son muy numerosos y dispersos en grandes territorios.
Delegar funciones implica previamente delegar decisiones, no que se tomen decisiones en nombre de quienes no son elegidos, pues estos al elegir a sus representantes les indican a través de acuerdos programados que cosas y en que temas hubo decisiones consensuadas.
Recuerdo estas enseñanzas vertidas por nuestros maestros de la primaria y de nuestros profesores de la secundaria. Y deduzco que es lo que se debería enseñar hoy de modo similar.
Sin embargo observo el olvido o la ignorancia cotidianamente demostrados por quienes actúan como políticos en mi ciudad, en mi provincia y en mi país.
Por cierto veo también mucha indiferencia al respecto visiblemente enorme en el seno de la sociedad en su conjunto.
Pienso que es porque no se insiste lo suficiente, como sí lo hacán los educadores a través de las materias Instrucción Cívica o Educación Democrática, y a lo largo de las cátedras de Filosofía y de Historia.
Por esta razón quiero recordar que bien podría aumentar la atención en estos temas, ahora, para avanzar en la promoción de debates libres que nos ayuden a consolidar el Estado de Derecho, a practicar la Democracia, y a construir la Paz Social.
Porque el poder es saber, y para democratizar el poder es imprescindible socializar el saber, solía plantear en claro pensamiento el padre José María Arizmendiarrieta, quien condujo la extraordinaria experiencia cooperativa de Mondragón, con la que se pudo recuperar la actividad económica y cívica sobre los escombros de la guerra civil española.
Seguramente esto fue lo que inspiró a Raúl Alfonsín a convocarnos en torno a la democracia con aquella frase: “Con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura”.
El padre Arizmendiarrieta encontró en el modelo cooperativo, legado por los probos pioneros de Rochdale, que es posible conducir democráticamente la economía subordinándola a las necesidades del hombre y no dejando la vida del pueblo librada a los intereses de la mano invisible del mercado. Una empresa de carácter cooperativo funciona como si fuese una pequeña república, con sus poderes institucionales en equilibrio e igualdad.
Es entonces oportuno insistir en estos tiempos con la idea de que es posible crear las condiciones sociales y económicas para poder vivir en la cultura del trabajo y la prosperidad en igualdad, equidad y libertad.
La observancia de las normas que nos pongan en este camino redundarán sin dudas en una existencia pacífica entre los hombres y los pueblos, que es en definitiva el fin de la política.
Sin equilibrio, ni absoluta independencia de poderes, como principio fundamental en la administración de la economía y de la política es imposible la realización de la justicia social, como sostén de la solidaridad en la armonía de una convivencia civilizada















Comentar