Dios en la Tierra

El santoral recuerda a Santa Maravillas de Jesús y a San Dámaso

11 Diciembre. Sábado de la segunda semana de Adviento. El santoral recuerda a Santa Maravillas de Jesús y a San Dámaso. Evangelio de hoy. 

Libro de Eclesiástico 48,1-4.9-11.

Surgió como un fuego el profeta Elías,
su palabra quemaba como una antorcha.
El atrajo el hambre sobre ellos
y con su celo los diezmó.
Por la palabra del Señor, cerró el cielo,
y también hizo caer tres veces fuego de lo alto.
¡Qué glorioso te hiciste, Elías, con tus prodigios!
¿Quién puede jactarse de ser igual a ti?
Tú fuiste arrebatado en un torbellino de fuego
en un carro con caballos de fuego.
De ti está escrito que en los castigos futuros
aplacarás la ira antes que estalle,
para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos
y restablecer las tribus de Jacob.
¡Felices los que te verán
y los que se durmieron en el amor,
porque también nosotros poseeremos la vida!

Salmo 80(79),2ac.3b.15-16.18-19.

Escucha, Pastor de Israel,
Tú que tienes el trono sobre los querubines,
reafirma tu poder y ven a salvarnos.
Vuélvete, Señor de los ejércitos,

observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu vid,
la cepa que plantó tu mano,
el retoño que Tú hiciste vigoroso.
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha,

al hombre que Tú fortaleciste,
y nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.

Evangelio según San Mateo 17,10-13.

Al bajar del monte, los discípulos preguntaron a Jesús: “¿Por qué dicen los escribas que primero debe venir Elías?”.
El respondió: “Sí, Elías debe venir a poner en orden todas las cosas;
pero les aseguro que Elías ya ha venido, y no lo han reconocido, sino que hicieron con él lo que quisieron. Y también harán padecer al Hijo del hombre”.
Los discípulos comprendieron entonces que Jesús se refería a Juan el Bautista.

Santa Maravillas de Jesús, de dama noble a reformadora del Carmelo y mística del siglo XX

Hoy, 11 de diciembre, la Iglesia recuerda a María Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, más conocida como Santa Maravillas de Jesús.

Nació en Madrid, España, el 4 de noviembre de 1891. Al ingresar a la Orden de las Carmelitas Descalzas, tomó el nombre de “María de las Maravillas de Jesús”. Además de ser reconocida por haber impulsado la renovación espiritual de su Orden, es considerada como una de las más importantes místicas del siglo XX.

Sus padres pertenecieron a la nobleza española. Su padre fue don Luis Pidal y Mon, segundo marqués de Pidal, y su madre doña Cristina Chico de Guzmán y Muñoz, nieta y sobrina de los condes del Retamoso. Luis Pidal fue Ministro de Fomento de España y posteriormente embajador ante la Santa Sede.

En 1921 hizo sus votos religiosos y solo un par de años después se aventuró a fundar un convento de Carmelitas en Getafe, en el hoy famoso Cerro de los Ángeles, muy cerca del “centro geográfico” de España. Para ello contó con el apoyo de Mons. Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid-Alcalá. En 1924, la Hermana María Maravillas y otras tres monjas carmelitas se mudaron a la ciudad de Getafe, a una residencia provisional, mientras se concluía la construcción del convento. El 30 de mayo de 1924, Maria de las Maravillas hizo su profesión solemne, y en junio de 1926 fue nombrada priora de la comunidad del monasterio del Sagrado Corazón y Nuestra Señora de los Ángeles, inaugurado unos meses después.

Durante la Guerra Civil española, la hermana María de las Maravillas se abocó de manera especial a la oración, pero también, con la autorización papal, a asistir a los necesitados y a las víctimas de la guerra. Fue siempre una mujer comprometida con la ayuda al prójimo, con el deseo de ser como Cristo en todo. «No quiero la vida más que para imitar lo más posible a la de Cristo» escribió alguna vez, consciente de que la unión con Dios es motor para amar más a quienes sufren.

En consonancia con ese espíritu caritativo, la hermana María de las Maravillas impulsó la fundación de varios “carmelos” -nombre que se le da a los conventos carmelitas descalzos- e impulsó una vuelta al espíritu reformador de Santa Teresa de Jesús. En los carmelos las hermanas vivían en auténtica pobreza, dedicándose al trabajo manual para su sustento y a las labores más sencillas.

Santa Maravillas de Jesús murió el 11 de diciembre de 1974, a los 83 años. Fue beatificada en Roma por el Papa San Juan Pablo II, el 10 de mayo de 1998. El mismo Papa, San Juan Pablo II, la canonizó el 4 de mayo de 2003, juntamente con Santa Genoveva Torres, San Pedro Póveda, Santa Ángela de la Cruz y San José María Rubio S.J.

“¡Qué felicidad morir Carmelita!” (Santa María Maravillas de Jesús).

Hoy recordamos también a San Dámaso, a quien le debemos el “Gloria” en la liturgia

 

Cada 11 de diciembre recordamos a San Dámaso I, trigésimo séptimo papa de la Iglesia Católica. Su pontificado duró 18 años, desde el 1 de octubre de 366 al 11 de diciembre de 384. Se le conoce por haber sido un asiduo defensor de la Iglesia, en particular de la institución papal. Fue promotor del culto a los mártires y quien introdujo la doxología trinitaria u oración del “Gloria” (“Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén”) en la liturgia.

El Papa San Dámaso nació alrededor del año 304, en Gallaecia (Hispania), Idanha-a-Velha (actual Portugal). Desde pequeño vivió en Roma, ciudad en la que crecería y donde llegó a descubrir su vocación eclesiástica. Fue diácono y luego presbítero de la iglesia de San Lorenzo mártir. Se desempeñó como secretario de dos pontífices, San Liberio y San Félix.

Elección

Dámaso fue elegido como sucesor de San Pedro en el año 366, en medio de un ambiente de tensión al interior de la Iglesia. Paradójicamente, al inicio su elección fue rechazada por los seguidores del difunto Papa Liberio, a quien había servido con devoción. Sus opositores, influenciados por el arrianismo, escogieron y pusieron como Papa al diácono Ursino, pero lo hicieron de manera irregular.

En el año 367, el emperador Valentiniano desterró a Ursino a Colonia y reconoció a Dámaso como el auténtico Papa. Sin embargo, sus opositores no dejaron de hostigarlo. En el año 378, Dámaso fue acusado falsamente ante el emperador Graciano, pero las acusaciones fueron desestimadas por este y, poco después, por el sínodo de obispos.

El encargo más importante de todos

Dámaso también fue un defensor vigoroso de la fe católica. Durante los sínodos romanos de los años 368 y 369, condenó el apolinarismo y macedonianismo, dos herejías contra la naturaleza de Cristo y la divinidad del Espíritu Santo, respectivamente. Asimismo, se preocupó por asistir a la Iglesia en Oriente, que también libraba una batalla contra el arrianismo. Por otro lado, en el orden civil, apoyó la petición de los senadores cristianos para retirar el altar a la diosa Victoria, ubicada en el Senado. Fue testigo, además, de la asunción al trono imperial de Constantino I -quien detuvo la persecución contra los cristianos- y de la proclamación del decreto “De fide Católica” de Teodosio I, el 27 de febrero de 380, por el que el catolicismo se convirtió en la religión oficial del Imperio romano.

San Dámaso participó de las obras en la iglesia de San Lorenzo Extramuros y mandó construir la basílica de San Sebastián en la Vía Apia.

El Papa Dámaso tuvo como secretario a San Jerónimo, a quien encargó la traducción de la Biblia al latín, cuyo resultado es la famosa versión conocida como “La Vulgata”, referente canónico hasta hoy.

Probada sencillez

Murió el 11 de diciembre del año 384, a la edad de 80 años. Fue sepultado en la tumba que él mismo había preparado, alejada de los mausoleos imperiales, dentro de una de las catacumbas de Roma. Sobre su sepulcro fue construida la célebre basílica romana que hoy lleva su nombre. Su legado para la cristiandad, en todos los sentidos, es invaluable.

Fuente ACI

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