Todo forma parte de un escenario de la economía regional litoraleña que supo estar a la cabeza, pero hoy se encuentra en crisis. Para conocer en detalle la situación, dialogamos con el Presidente de la Federación del Citrus de Entre Ríos (FeCIER), Pablo Molo, quien habló sobre el contexto actual en cuanto a producción, consumo y acciones para paliar los obstáculos del contexto.
—Pablo, ¿cómo describiría la situación actual de la citricultura entrerriana? —La citricultura atraviesa un momento muy complejo. Por un lado, el sector ha incorporado tecnología que permitió aumentar la productividad y obtener más kilos por hectárea. Sin embargo, ese crecimiento de la producción coincide con una caída del consumo. Esta combinación genera un exceso de oferta que afecta directamente a los productores.
—¿Qué ocurre con los costos de producción? —El principal problema es que el productor vende la fruta por debajo de su costo de producción. Actualmente, producir un kilo de fruta cuesta entre 135 y 150 pesos, mientras que las plantas pagan entre 80 y 100 pesos, según la variedad. Esto significa que se comercializa entre un 30% y un 40% por debajo de los costos. Si no se cubren los gastos básicos, mucho menos se puede obtener una rentabilidad que permita sostener la actividad.
—¿Cómo se explica la diferencia entre lo que recibe el productor y lo que paga el consumidor? —Existe una brecha muy grande entre ambos extremos de la cadena. El productor vende barato, pero el consumidor encuentra la fruta a precios elevados. Es una problemática histórica que en los últimos tiempos se ha profundizado. Resolver esa diferencia es fundamental para que el productor pueda seguir trabajando y para que la fruta sea accesible para la población.
—¿Qué consecuencias puede tener esta falta de rentabilidad? —Los efectos no son inmediatos, sino que se reflejan en las campañas futuras. La próxima temporada, prevista para 2027, podría verse afectada porque muchos productores no cuentan con recursos suficientes para realizar tareas esenciales como fertilizaciones, fumigaciones y tratamientos de prefloración. Al reducir estas inversiones, disminuye la calidad de la fruta y también el rendimiento por hectárea.
—¿Han recibido apoyo o respuestas del gobierno provincial? —Existe un diálogo permanente con el gobierno entrerriano, pero el problema de fondo está relacionado con la caída del consumo. Cuando las empresas reducen personal o cierran, disminuye el poder adquisitivo y, en consecuencia, el consumo de frutas en mercados importantes como el Mercado Central de Buenos Aires.
—¿Qué acciones prevén realizar desde el sector? —Tras asumir nuevamente la presidencia de la Federación del Citrus de Entre Ríos, buscaré junto a productores e instituciones alternativas para enfrentar esta situación. Aunque el panorama es difícil, el sector mantiene la expectativa de superar la crisis, como ha ocurrido en otras oportunidades, gracias al esfuerzo y la perseverancia de los productores.
Fuente: Mercado Central de Buenos Aires















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