Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas.
En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo.
El les preguntó: “¿Sobre qué estaban discutiendo?”.
Uno de ellos le dijo: “Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo.
Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron”.
“Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuando estaré con ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos? Tráiganmelo”.
Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca.
Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que está así?”. “Desde la infancia, le respondió, y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos”.
“¡Si puedes…!”, respondió Jesús. “Todo es posible para el que cree”.
Inmediatamente el padre del niño exclamó: “Creo, ayúdame porque tengo poca fe”.
Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más”.
El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: “Está muerto”.
Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie.
Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”.
El les respondió: “Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración”.
Amén y ¡ adelante !
Hoy celebramos a dos santos mártires salesianos asesinados en China
El 25 de febrero se celebra la fiesta de los Santos Luis Versiglia y Calixto Caravario, mártires salesianos asesinados por comunistas en China. Ellos defendieron el honor y la dignidad de tres jovencitas que escaparon de ser violadas y esclavizadas.
“El misionero que ora mucho logra mucho”, solía decir el Obispo San Versiglia. Mientras que el presbítero San Caravario, días antes de morir, le escribió a su mamá: “pasará la vida y se acabarán los dolores: en el Paraíso seremos felices. Nada te turbe, mi buena mamá; si llevas tu cruz en compañía de Jesús, será mucho más ligera y agradable…”.
Luis Versiglia nació en Italia en 1873. A los 12 años quedó fascinado con Don Bosco. Después de la muerte del Santo, decidió convertirse en salesiano para ir a las misiones.
En 1895 es ordenado sacerdote. Fue nombrado director de novicios en Roma por el Beato Miguel Rua y posteriormente lideró un grupo de salesianos que llegaron a China en 1906. Se instalaron con una obra en Macao y con un frente misionero en Heungchow.
San Luis Versiglia abrió orfelinatos y oratorios salesianos y en 1921 fue consagrado Obispo del Vicariato Apostólico de Shiuchow. Bajo su impulso se multiplicaron las casas misioneras, institutos, asilos, orfanatorios y se inició el seminario de nativos.
San Calixto Caravario, por su parte, nació en Turín (Italia) en 1903. Cuando en 1921 el joven salesiano se encontró con Luis Versiglia, le dijo: “Lo alcanzaré en la China”. Años después cumpliría su promesa, recibiendo la ordenación sacerdotal de manos del Obispo San Versiglia. Luego fue enviado a la misión de Lin-chow.
Por ese entonces la situación política en China se había vuelto tensa, especialmente contra los cristianos y misioneros extranjeros. Hasta las Iglesias eran incendiadas. De esta manera empezaron las persecuciones.
El Obispo Versiglia emprendió una visita pastoral a Lin-Chow y el P. Caravario salió a recibirlo en el camino.
El 25 de febrero los dos celebraron Misa en Ling-kong-how y luego subieron a una barca junto a dos maestros y tres jovencitas de la misión (María de 21 años, Paula de 16 y Clara de 22). En el viaje se les sumó una anciana catequista y un niño.
Un grupo de piratas comunistas les ordenó que detengan la barca y con fusiles y pistolas pidieron que los misioneros paguen 500 dólares para que puedan pasar. El Obispo le dijo a Caravario: “Diles que somos misioneros, y por lo tanto, no llevamos con nosotros tanto dinero”.
Los maleantes registraron la barca, descubrieron a las chicas, que se ocultaban rezando, y gritaron que se las llevarían. Quería violarlas y esclavizarlas.
Los santos intentaron detenerlos y les cayó una lluvia de golpes. Los dos terminaron ensangrentados y apresados con las jóvenes. Los piratas ordenaron a los demás de la barca que regresaran a Lin-Kong-How, quienes avisaron a las autoridades.
Con respecto a los misioneros, la joven María atestiguó: “Vi que don Caravario, con la cabeza inclinada, hablaba en voz baja con el Obispo”. Se estaban confesando mutuamente. “El Obispo y don Caravario nos miraban, nos señalaban con los ojos el cielo y rezaban. Su aspecto era amable y sonriente, y rezaban en voz alta”.
Mientras las muchachas eran trasladadas, se escucharon cinco disparos. Más adelante los maleantes comentaban: “todos tienen miedo a la muerte. Por el contrario, estos dos han muerto contentos”.
Días después los soldados regulares llegaron a las cuevas de los bandidos, los cuales huyeron abandonando a las jóvenes. Ellas, luego, de rodillas rezaron delante de los cuerpos mortales de los dos santos, que habían dado su vida por defenderlas.
San Juan Bosco siempre tuvo el deseo de ser misionero y en uno de sus sueños vio un cáliz lleno de sangre que hervía y se derramaba. Así comprendió que en los salesianos también habría mártires. Por eso a San Versiglia y San Caravario, primeros mártires salesianos, se les representa con un cáliz que derrama sangre.
El Beato Pablo VI los declaró mártires en 1976 y fueron beatificados en 1983 y canonizados en el año 2000 por San Juan Pablo II.














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