Primera Carta de San Pablo a Timoteo 3,14-16.
Aunque espero ir a verte pronto, te escribo estas cosas
por si me atraso. Así sabrás cómo comportarte en la casa de Dios, es decir, en la Iglesia del Dios viviente, columna y fundamento de la verdad.
En efecto, es realmente grande el misterio que veneramos: El se manifestó en la carne, fue justificado en el Espíritu, contemplado por los ángeles, proclamado a los paganos, creído en el mundo y elevado a la gloria.
Salmo 111(110),1-2.3-4.5-6.
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en la reunión y en la asamblea de los justos.
Grandes son las obras del Señor:
los que las aman desean comprenderlas.
Su obra es esplendor y majestad,
su justicia permanece para siempre.
Él hizo portentos memorables,
el Señor es bondadoso y compasivo.
Proveyó de alimento a sus fieles
y se acuerda eternamente de su alianza.
Manifestó a su pueblo el poder de sus obras,
dándole la herencia de las naciones.
Evangelio según San Lucas 7,31-35.
Dijo el Señor: «¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen?
Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos: ‘¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!’.
Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: ‘¡Ha perdido la cabeza!’.
Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!’.
Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos.»
Amén
Hoy es fiesta de San José de Cupertino, patrono de estudiantes con problemas
“Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el Cielo es de bronce. Todo el que le pide, recibe”, afirmaba San José de Cupertino, el franciscano que no era bueno en los estudios, pero que llegó a ser el patrono de los estudiantes.
Este santo nació en 1603 en el pueblo llamado Cupertino (Italia) en una familia muy pobre. Cuando tenía 17 años pidió ser admitido en la orden franciscana, pero lo rechazaron. Entonces solicitó ingresar a los capuchinos, donde entró como hermano lego.
Después de unos meses fue expulsado por ser muy distraído. Dejaba caer los platos que llevaba al comedor, se olvidaba los encargos asignados y parecía que siempre estaba pensando en otra cosa.
San José de Cupertino buscó refugio en la casa de un familiar rico que también lo echó a la calle, porque dijo que el joven era un bueno para nada. Ante esto, su madre le rogó a un pariente franciscano que recibiera al muchacho como mandadero en un convento.
Los frailes lo aceptaron como obrero, lo pusieron a trabajar en el establo y el joven empezó a desempeñarse con gran destreza en todos los oficios que le encomendaban.
Con su humildad, amabilidad, espíritu de penitencia y de oración se ganó rápidamente el aprecio de los religiosos, quienes en 1625 por votación unánime lo admitieron como uno de sus miembros.
Lo pusieron a estudiar para que fuera ordenado sacerdote, sin embargo en los exámenes San José de Cupertino se trababa y no era capaz de responder. Llegó una de las pruebas finales y la única frase del Evangelio que el fraile sabía explicar era: “Bendito el fruto de tu vientre Jesús”.
El examinador dijo que abriría la Biblia y leería una frase al azar para escuchar la interpretación. José estaba asustadísimo y la Providencia quiso que el pasaje escogido fuera el único que era capaz de explicar.
Además, en el examen definitivo para que las autoridades decidieran quiénes serían ordenados sacerdotes, el obispo examinó a los diez primeros. Ellos respondieron tan maravillosamente que el prelado no vio necesario seguir examinando a los demás. De esta manera San José, que era el siguiente en la lista, se libró de la prueba.
Por ello este santo es considerado patrón de los estudiantes, especialmente de los que encuentran dificultades en los estudios como él.
Fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1628, pero consciente de que no tenía cualidades especiales para predicar y enseñar, se dedicó a ofrecer penitencias y oraciones por los pecadores.
Por su intercesión en vida, Dios obró muchos milagros y con ellos logró la conversión de muchos.
Partió a la Casa del Padre el 18 de septiembre de 1663. Fue beatificado en 1753 por Benedicto XIV y canonizado en 1767 por Clemente XIII.

7 hechos sobrenaturales de San José de Cupertino, conocido como el santo volador
El 18 de septiembre es la fiesta de San José de Cupertino (1603-1663), patrono de los estudiantes y conocido como el santo volador.
El fue bendecido por Dios con muchos milagros que él siempre atribuía a la intercesión de la Santísima Virgen María.
Aquí siete sucesos sobrenaturales que ocurrieron durante su vida:
1.- Volaba por los aires
San José de Cupertino caía constantemente en éxtasis. Sus hermanos frailes y los fieles lo vieron “volar” en varias ocasiones.
Cierto día los religiosos lo vieron elevarse hasta una estatua de la Virgen que estaba a tres metros y medio de altura y darle un beso al Niño Jesús. Luego rezó en el aire con intensa emoción.
El más famoso de estos sucesos se dio cuando diez obreros deseaban llevar una cruz pesada a una montaña alta, pero no lo lograban. Entonces Fray José se elevó por los aires con la cruz y la llevó hasta la cima del monte.
2.- Exorcizaba con una frase obediente
Sus superiores lo eligieron para exorcizar demonios, pero el Santo se consideraba indigno de hacerlo. Por ello usaba la siguiente frase contra los malignos: “Sal de esta persona si lo deseas, pero no lo hagas por mí, sino por la obediencia que le debo a mis superiores”. Y los demonios salían.
3.- Podía estar en dos lugares a la vez
El don de estar en dos lugares al mismo tiempo se llama bilocación o ubicuidad. Cuentan que cuando San José se encontraba en Asís, su madre esta agonizando en el pueblo de Cupertino. Entonces se vio al fraile entrar con una gran luz al cuarto de su mamá, quien después de verlo partió a la Casa del Padre.
En Asís, sus superiores preguntaron a San José por qué estaba llorando amargamente y él les contestó que su madre acababa de fallecer. Más adelante fueron muchos los que atestiguaron que el santo acompañó a su madre en Cupertino.
4.- Curaba con la señal de la cruz
Cierta vez un hombre arrogante le dijo a San José: “impío, hipócrita, no por ti, pero por el hábito de religioso que llevas tengo que respetarte. Yo creería en todo lo que haces si con la señal de la cruz sobre mi llaga me sanas”.
El santo humildemente respondió que todo lo que decía de él era cierto y haciendo la señal de la cruz sobre la llaga, el hombre quedó curado.
Asimismo hizo recobrar la vista a un ciego poniéndole su capa sobre la cabeza. Los mancos y cojos eran sanados al besar el crucifijo que San José ponía ante ellos. Los enfermos de una plaga de fiebre altísima fueron curados cuando el Santo les hacía la señal de la cruz sobre su frente.
5.- Leía los corazones y convertía protestantes
El príncipe luterano John Federick a sus 25 años de edad fue a Asís con dos escoltas, uno católico y otro protestante. Ingresaron a la iglesia donde San José estaba celebrando Misa y en el momento de la consagración el Santo no pudo partir la Hostia Consagrada porque estaba dura como piedra y tuvo que devolverla a la patena.
El P. José empezó a llorar de dolor y se elevó a casi un metro de altura. Al bajar, logró partir la hostia con mucho esfuerzo. Sus superiores le preguntaron por qué había pasado eso y él respondió que se debió al corazón duro de la gente que asistió a la Misa.
Al día siguiente regresó el príncipe con los dos hombres y cuando el santo elevó la Hostia en la Misa, la cruz de la Sagrada Hostia se puso negra. Esto le causó un gran dolor y llorando levitó con la forma durante unos 15 minutos. Este milagro conmovió el corazón del príncipe por lo que él y su acompañante decidieron convertirse a la fe católica.
6.- Se comunicaba con los animales
Cuando pasaba por un campo y se ponía a rezar, las ovejas se reunían a su alrededor y escuchaban atentas sus oraciones. Las golondrinas volaban en bandadas alrededor de su cabeza y lo acompañaban por varias cuadras.
7.- Profetizó el futuro de los Papas
Cierta vez lo llevaron ante el Papa Urbano VIII, quien deseaba saber si eran ciertos los éxtasis y los episodios de levitación del fraile.
San José compareció ante el Pontífice y se elevó por los aires ante el asombro de los presentes. De este Papa y de Inocencio X, el Santo predijo el día y la hora de la muerte de ambos.














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