Dios en la Tierra

Hoy es la fiesta de San Francisco de Borja

03 Octubre. Sábado de la vigesimosexta semana del Tiempo Ordinario El santoral recuerda además al Beato José María Poyatos Ruiz y a San Ambrosio Francisco Ferro.

Libro de Job 42,1-3.5-6.12-16.

Job respondió al Señor, diciendo:
Yo sé que tú lo puedes todo y que ningún proyecto es irrealizable para ti.
Sí, yo hablaba sin entender, de maravillas que me sobrepasan y que ignoro.
Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos.
Por eso me retracto, y me arrepiento en el polvo y la ceniza.
El Señor bendijo los últimos años de Job mucho más que los primeros. El llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.
Tuvo además siete hijos y tres hijas.
A la primera la llamó “Paloma”, a la segunda “Canela”, y a la tercera “Sombra para los párpados”.
En todo el país no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job. Y su padre les dio una parte de herencia entre sus hermanos.
Después de esto, Job vivió todavía ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación.

Salmo 119(118),66.71.75.91.125.130.

Enséñame la discreción y la sabiduría,
porque confío en tus mandamientos.

Me hizo bien sufrir la humillación,
porque así aprendí tus preceptos.

Yo sé que tus juicios son justos, Señor,
y que me has humillado con razón.

Todo subsiste hasta hoy conforme a tus decretos,
porque todas las cosas te están sometidas.

Yo soy tu servidor: instrúyeme,
y así conoceré tus prescripciones.

La explicación de tu palabra ilumina
y da inteligencia al ignorante.

Evangelio según San Lucas 10,17-24.

En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron llenos de gozo y dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”.
El les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.
No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”.
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: “¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!
¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!”.

Amén

Hoy es la fiesta de San Francisco de Borja, el viudo que dejó todo para servir a Jesús

Cada 3 de octubre se celebra la Fiesta de San Francisco de Borja (Valencia, España, 1510-Estados Pontificios, 1572). Hombre inicialmente llamado al matrimonio, padre de familia, enviudó tempranamente. Para ese entonces, ya había conocido a algunos miembros de la Compañía de Jesús y terminó dándole un vuelco completo a su vida. Dejó el ambiente propio de la corte real y la nobleza para dedicarse al servicio de la Iglesia, al lado de San Ignacio de Loyola.

Francisco de Borja nació en Gandía (Valencia) en 1510. Como descendiente de la realeza fue Duque de Gandía, Gobernador, Virrey de Cataluña y hasta Consejero del Emperador Carlos I de España y V de Alemania.

Contrajo matrimonio a los 19 años con Leonor de Castro y tuvo ocho hijos, a quienes crió con gran esmero.

Cierto día, siendo Virrey de Cataluña, recibió la orden de conducir los restos mortales de la Emperatriz Isabel a la sepultura real de Granada. Cuando fue a recoger el cuerpo, de acuerdo a la costumbre, tuvo que verlo y reconocerlo. Grande fue la impresión que esto dejó en su alma. El rostro de la difunta, alguna vez lleno de lozanía, estaba en franco proceso de descomposición. La brusca transformación que presenciaba remeció sus seguridades más íntimas y le cambió la perspectiva de la vida. Francisco de Borja decantó frente a frente esa fatuidad de la vida en la que generalmente caemos, aferrados a castillos de arena, sin conciencia de su caducidad. Años después, se referiría a aquel momento como “el día de su conversión”. “¡No serviré nunca más a un señor que pudiese morir!”, fue la resolución que tomó y que se ha hecho célebre.

Después de morir su esposa y haber velado por la educación de sus hijos, renunció a sus títulos y bienes, e ingresó a la Compañía de Jesús. Allí, aprendió a ser servidor de otros y a dejar de esperar ser servido. Por un buen tiempo le tocó ser ayudante de cocinero.

La formación rigurosa, la oración y el estudio fueron ennobleciendo su alma y preparándolo para el sacerdocio. Así llegó el día de su ordenación y el posterior nombramiento como Provincial de la Compañía en España. Fundó conventos y colegios, y se convirtió en consejero de reyes y prelados. Incluso el Papa solicitaba sus consejos.

En 1566 fue nombrado Tercer Superior General de la Compañía de Jesús y, bajo su mandato, se fortaleció el espíritu misionero de la Orden. Impulsó el desarrollo del Colegio Romano, a cargo de la Compañía, que más tarde se convertiría en la Universidad Gregoriana.

Murió la medianoche del 30 de septiembre de 1572. De él diría el P. Verjus: “San Ignacio de Loyola proyectó el edificio y echó los cimientos; el P. Laínez construyó los muros; San Francisco de Borja techó el edificio y arregló el interior y, de esta suerte, concluyó la gran obra que Dios había revelado a San Ignacio”.

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